Diez
menos cuarto de la mañana. Álvaro seguía tumbado en la cama con los auriculares
puestos, y la música del móvil a todo volumen. Anoche, se había olvidado de
baja la persiana, y esa mañana de invierno, un rayo de sol lo había despertado
de su mundo de sueños.
Sonaba música
de AC/DC, Highwell to hell. Espectacular.
No como ese reggeton que escuchan las chicas hoy en día. Su música era buena,
roquera, especial para él. Cerró los ojos, para relajarse, y sentir las
vibraciones de su música recorrer todo su cuerpo.
Despacio,
la puerta del cuarto se abrió lentamente. Él estaba demasiado concentrado en su
música como para darse cuenta. La persona que había entrado se acercó
sigilosamente al chico, y de pronto:
-¡EH! –
le gritó en la oreja.
Álvaro,
asustado, dio un bote, y de un manotazo se quitó los auriculares. El corazón le
palpitaba a mil del susto y su cara reflejaba su desconcentración, como
queriendo decir ¿Qué está pasando? Las carcajadas de aquella chica lo
devolvieron al mundo real. Qué risa más bonita, ¿no será de…?
-¿Marina?
– preguntó sin poder creérselo aún.
-Presente,
¿Álvaro? Ausente – respondió ella a toda máquina – es hora de despertar, venga
a cambiarse.
-Espera,
espera. Déjame verte – se frotó los dos ojos y la miró de arriba abajo. - ¡Dios
mío! Como has cambiado…
Desde
la última vez que la vio, Marina, su prima pequeña, había crecido por lo menos
cinco centímetros, y ahora estaría por el metro setenta. Olía a vainilla, como siempre, pero por
primera vez, se había maquillado un poquitín. Llevaba algo de polvos y mascara
de ojos, además, seguro que se había pintado los labios marrón suave… Llevaba muchísimos
accesorios, sus manos estaban repletas de pulseras y anillos, y sus uñas
estaban pintadas de verde claro. Llevaba un suéter azul marino a lunares
blancos con el dibujo de dos renos de la marca Abercrombie, unos vaqueros
claros de Levis combinados con unas converse verdes oscuras. En la mano,
sujetaba la bufanda blanca de punto, y su abrigo impermeable color de la noche.
Se había recogido el pelo con una trenza langa, y llevaba puesto un gorro de
punto del mismo color que el suéter. Estaba radiante, perfecta, preciosa. Esa
era su Marina.
-Oye
Álvaro, tengo un montón de cosas que contarte…
- comenzó a hablar ella – pero antes de nada ¿Que tal llevas lo de Iván?
-Bua, de
pena… Es todo una gran… -suspiró – en fin… que he tenido mejores momentos…
pobrecillo, debe de estar pasándolo fatal…
-¿Qué qué?
¿Pero te estás escuchando? Defiendes al inútil que te ha robado a la chica… me
sorprendes chico…
-¿Pero
qué dices? Haber, ¿de que estamos hablando?- reinició la conversación él.
-¿De que
tu ex mejor amigo esta liado con la que te molaba, por ejemplo?… ESPABILA, WAKE
UP – dijo con su gran entonación inglesa.
-Ali está
con él… - la noticia inesperada fue recibida como un jarro de agua fría.
-¿Tú de qué
me hablabas?
-Del
accidente… - suspiró de nuevo, hundido.
-¿Qué accidente?
Álvaro
miró a Marina, y a través de su rostro pudo comprobar lo que suponía; no estaba
al tanto de todo, así que prosiguió a relatarle todo lo que sabía, sin suprimir
sus emociones. Era su prima- mejor amiga, y con ella no tenía secretos. Antes
de la comida, Marina estaba más preocupada, nerviosa, activa… que nunca. Iba de
lado a lado diciendo frases sin sentido, agobiada y con la mirada asustada, y
Álvaro la miraba sentado en la cama con las manos en la cabeza y los codos apoyados
en las rodillas. No se comportaba así, no parecía ella, sin duda, toda su
opinión tan radical sobre Iván había cambiado por completo.
-Tenemos
que ir a verle… - le dijo por fin
-No
puedo Marina, me mataría verle con ella, ahora no por favor…
Marina,
le colocó una mano en el hombro y con la otra le levantó la barbilla.
Le miró un rato a los ojos, y dijo lentamente.
-Álvaro,
cielo, me da igual que os odiéis. Eres su mejor amigo, diga lo que diga, y tu
no le vas a fallar ¿Esta claro? Y vas a aprender a respetar sus decisiones,
porque si él ha elegido a Alicia sabiendo que te gusta es porque está enamorado
y sinceramente a mi esta nena no me dice nada, tú te mereces a alguien más
mejor.
Él
sonrió tímidamente, y asintió con la cabeza. Luego se levantó y fue a cambiarse
de ropa. ‘basta ya, es hora de cambiar
las cosas’ Se dijo a sí mismo,
contento y orgulloso por primera vez. Esa chiquilla… Que haría él sin su prima,
es su fuerza en persona.
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