EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

lunes, 12 de noviembre de 2012

LUNA BLANCA (VIII)



Hacerse desaparecer, huyendo por los tejados del pueblo era tremendamente fácil. Carolina, a diferencia de muchas personas, le gustaba llevar sandalias cerradas y con una suela de terciopelo, porque para su ‘oficio’ –robar- eran prácticas y cómodas, además de silenciosas. Este era pues, su secreto para desaparecer sin ser vista.
Cruzó el pueblo entre tejados, y cuando llegó a los límites, se metió como ‘polizona’ en un carro de mercancías. Permaneció encogida, con el arco y una flecha preparados para cualquier problema, y con la mirada vigiló el camino, para no perder su parada.
-¿Has oído algo Enrique? – preguntó de golpe una voz.
-Y yo que se… ¿Cuánto falta para la casa de aquel crio?
De pronto Carolina se irguió y agudizó más su oído, ¿Quiénes eran esos hombres?
-Ya queda poco… ¿Por qué no debemos ir con los uniformes de la guardia real?
-Hay una chica que lo protege todo el rato, una guerrera diría yo, es difícil de atrapar, es escurridiza y astuta.
Carolina sonrió para sus adentros y de pronto cambió la cara.
-Sera su amor prohibido o algo así- carcajadas de ambos- lo mismo parece ser una guerrera y solo es una mujer de vida alegre…
Sobrepasando el límite. Carolina se giró para observar mejor a los dos hombres, que yacían sentados de espaldas a ella dirigiendo al caballo. Respiró hondo y apuntó a el que no se llamaba Enrique. Tenía una corta melena, pero aún así podía divisar bien su nuca. Levantó un poco más el codo, guiñó un ojo y contó hasta tres. La flecha le atravesó el cuello con autentica rapidez, entonces el hombre llamado Enrique se giró velozmente y cogió su espada. Acto seguido localizó a Carolina y saltó hacia ella con la espada apuntándome al pecho.  Fue imposible esquivarle, pero aun así consiguió bloquearle el brazo. Los dos forcejeaban, y él era tres veces más fuerte que ella. Había poco tiempo, tenía que hacer algo cuanto antes… Vio la flecha que no había podido dispararle a su derecha, y con su brazo libre la cogió, pero él colocó su pie encima de la muñeca de Carolina. Ahora sí que estaba perdida.
Le miró a los ojos, desafiante. Apretó los dientes, y los puños, sin soltar la flecha. Uno. Dos. Tres. Reacción de emergencia: escupitajo en toda la cara, y su vía de escape. El hombre aflojo la pierna y con un esfuerzo sobrenatural Carolina le empujo, quitándose de encima su pie y le clavó la flecha en el corazón. El cadáver del moribundo yacía encima de ella, y con cara de asco y desprecio se lo quitó de encima. Rápida como viento, tiró los cuerpos de los soldados al barro y se llevó la carroza camino de casa de Adrian.
Tardó menos de diez minutos en llegar y la casa parecía estar vacía. Por un momento, Carolina pensó que lo habían vuelto a secuestrarlo.
-¿Carol?- alguien susurró desde el cielo.
Carolina levantó la cabeza hacia un árbol, y descubrió a Adrian y María, escondidos entre las hojas.
-¿Y esas libertades? – Le contestó ella- por cierto eso de subirse a los árboles es mío.
Le guiñó un ojo, y él sonrió. La niña los miraba a los dos en silencio, cogida de la pierna de su hermano.
-El alumno aprende de la maestra ¿no? – Se rió- ¿no te gusta que te llame Carol?
-La verdad es que me encanta- miró al horizonte con la mirada llena de nostalgia – mi hermana me llamaba así.
Adrian optó por no hacer más preguntas. Subía al carro sin soltar la mano de su hermana y colocó la mano en el hombro de Carolina.
-¿Es hora de un adiós?
De golpe la chica se giró, y puso la cara a unos centímetros de su boca. Él cortó su respiración, y el corazón se le paró. Ella cerró los ojos, y por un momento Adrian pensó que lo iba a besar.  Error. Retiró su cara un poco y lo miró con una ceja alzada.
-¿Pero que te piensas que es esto? ¿Héroes al rescate? Yo te he sacado de ahí, y tú me debes la vida, así que no vas a ninguna parte sin mí ¿Esta claro? Ale, sube al carro.
Adrian, trago saliva, y respiró hondo varias veces antes de obedecerla. María lo miró con una sonrisa divertida y dijo en voz alta:
-Carol, le gustas a mi hermano, ¿Quieres ser su novia?
Carolina miró a la pequeña y se sonrojó, y Adrian se puso pálido. Ambos se ignoraron, y ella dio marcha a la carroza. María abrazó a Adrian y le preguntó:
-¿A dónde vamos Adri?
-Al sur – respondió Carolina – Pero cambiando de tema, dime Adrian ¿Tu hermana sabe mentir?
Adrian se quedó paralizado unos instantes, y cuando los rayos del sol la enfocaron, descubrió la sonrisa pintada en la cara de la cazadora.

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