EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

sábado, 22 de diciembre de 2012

EL EJERCITO DE SUSANA 'LA INVISIBLE' (IV)



Anochecía, y la reina Susana aún no había salido del templo embrujado. Cuando sus hombres ya casi habían perdido la esperanza, por las escaleras empezó a descender una mujer alta y esbelta con los ojos atemorizados, y un rostro de cristal. Tras ella, le seguía alguien rodeado con una capa negra y una capucha que lo hacía invisible. Entro en el mismo carruaje que la futura reina, y cuando ella fue a dar un paso adelante, se detuvo a pensar. Miró en ambas direcciones, hasta observar al chico más joven del grupo. Alto, rubio y orgulloso, aunque un poco indeciso.
-¿Cuál es tu nombre soldado?- exigió saber la reina.
-Brie señora. – intentó hacer una reverencia, muy poco ensayada.
-¿Sabes dónde está el Castillo de los Dioses?
-Si, por supuesto majestad – asintió.
-Bien, ¿puedes llevarnos desde aquí?
-Puedo intentarlo señora – respondió con voz temblorosa.
-Obedece a tu reina, pues.
De pronto, como si las tierras se hubiesen revuelto y los truenos tuvieran voz, se escuchó decir desde la ultratumba:
-¿Un ángel majestad? ¿Me condenareis a trabajar con mi mayor enemigo?
La reina, tragó saliva y se giró hacia la puerta del carro. Abrió la boca, pero se le secaron las palabras. Cerró los puños y aguanto las lágrimas, y haciendo un esfuerzo mortal dijo:
-Lord Adeleid, vos pusisteis vuestras consecuencias y yo pondré las mías.
Es joven soldado, que no sabía quién era el misterioso hombre encapuchado, recibió ese nombre, Adeleid, como un jarro de agua fría. Estuvo a punto de orinarse en los pantalones, pues estaba cien por cien seguro de que Lord Adeleid era un diablo. Caminó despacio retirándose de esa escena, y entonces ella, puso sus frías manos sobré las suyas, y un débil ‘’espera…’’ resbaló de su boca, con su suplicante mirada de temor empapada de lágrimas.
-Yo… quisiera estar con vos, conduciendo en carro… si no es molestia por su puesto – dijo Susana.
-Mi reina, claro que podéis… pero permitidme sugeriros que llevéis la capa, no conviene que nadie sepa que andamos a estas horas con una mujer de tan noble linaje – Brian intentó sonar lo más elegante posible.
No salió exactamente como pensaba, pero por lo menos ella sonrió.
-¿Estáis segura de que no queréis hacerme compañía?- preguntó Adeleid tras una oscura sonrisa.
-Descansad, Lord Adeleid, en pocos días recibiréis a vuestro compañero… - se dedicó a recordarle la reina.

Tras dos semanas de intenso viaje atravesando pueblos y rodeando montañas, llegaron al templo de los Dioses, donde un hombre sentado en el aire negó la entrada a la reina y a Brian, que se había ganado todo el afecto de Susana.
-Caballero, exigimos la entrada para poder hablar con el ángel Fereim ahora mismo – se impuso Brian.
-He dicho que no, jóvenes, no se puede molestar a un ángel por ambición – renegó el hombre.
-Caballero, soy la futura reina Susana de Koreti-sheid, el lugar ahora custodiado por una bruja de grandes poderes, necesito hablar con el ángel…
-NO, NO Y NO – le gritó el hombre.
-¿Pero cómo se atreve…? – murmuró Brian.
Susana, alzo una mano a modo de silencio, sin quitarle un ojo al monje ese, y ordeno.
-Brian, llama a Lord Adeleid, seguro que le hace cambiar de opinión, a este amable hombre.
Brian esbozó una sonrisa picarona, y se retiró sin dar la espalda a su reina, desapareciendo rumbo a las carrozas. Susana, espero pacientemente, sonriendo sin sentimientos y por fin, se adentró en el templo de los dioses una figura encorvada, envuelta en una capa verde oscura de terciopelo. Cruzó el umbral de la puerta y el monje le detuvo.
Lord Adeleid se lo quitó de encima con un empujón, y se quitó la capa, mostrando su piel fina como el hielo.
-¡FEREIM EL GRAN ÁNGEL! SAL A RECIBIRME VIEJO AMIGO – gritó con su toque irónico.
El viento recorrió los pasillos del templo, y una luz les recibió con forma de hombre. Un aspecto suave y sabio. Mas una gran expresión de odio y enfado cubría su rostro.
-Lord Adeleid, ángel caído, ¿Cómo osáis atreveros a invadir mi templo?- rugió con una voz suave
-Fereim, ¿cómo osáis vos llamarme ángel caído cuando estamos a la misma altura? – Contraatacó con su irónica sonrisa- pero no me he molestado en venir para discutir, esta dama que yace a mi lado es La Infanta Susana de Koreti-shield
-He oído hablar de su reino, es como tu hogar Adeleid, un infierno – interrumpió el ángel – esta reinado por una bruja ¿Me equivoco? Ese reino debería desaparecer…
-Pido un respeto por mi reino y la gente que yace en él – habló Susana, con coraje- Os hacéis llamar ángel y queréis destruir a gente inocente que no tienen  la culpa de ser reinados por esa bruja.
El ángel, la observó de arriba abajo admirando su valor y despreciándola por su orgullo.
-Fereim, esta joven es la verdadera heredera del reino, ella forma parte de la profecía del ejército invisible. Es la hija de una bruja.
Fereim, prestó atención a las palabras de Adeleid.
-¿Cuál es tu don pequeña?
-Soy una Creadora. A través de mi imaginación, y con un poco de astucia, valor y voluntad puedo crear un guerrero de la nada.

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