Anochecía, y la reina Susana aún no había salido del templo
embrujado. Cuando sus hombres ya casi habían perdido la esperanza, por las
escaleras empezó a descender una mujer alta y esbelta con los ojos
atemorizados, y un rostro de cristal. Tras ella, le seguía alguien rodeado con
una capa negra y una capucha que lo hacía invisible. Entro en el mismo carruaje
que la futura reina, y cuando ella fue a dar un paso adelante, se detuvo a
pensar. Miró en ambas direcciones, hasta observar al chico más joven del grupo.
Alto, rubio y orgulloso, aunque un poco indeciso.
-¿Cuál es tu nombre soldado?- exigió saber la reina.
-Brie señora. – intentó hacer una reverencia, muy poco
ensayada.
-¿Sabes dónde está el Castillo de los Dioses?
-Si, por supuesto majestad – asintió.
-Bien, ¿puedes llevarnos desde aquí?
-Puedo intentarlo señora – respondió con voz temblorosa.
-Obedece a tu reina, pues.
De pronto, como si las tierras se hubiesen revuelto y los
truenos tuvieran voz, se escuchó decir desde la ultratumba:
-¿Un ángel majestad? ¿Me condenareis a trabajar con mi mayor
enemigo?
La reina, tragó saliva y se giró hacia la puerta del carro.
Abrió la boca, pero se le secaron las palabras. Cerró los puños y aguanto las
lágrimas, y haciendo un esfuerzo mortal dijo:
-Lord Adeleid, vos pusisteis vuestras consecuencias y yo
pondré las mías.
Es joven soldado, que no sabía quién era el misterioso
hombre encapuchado, recibió ese nombre, Adeleid, como un jarro de agua fría.
Estuvo a punto de orinarse en los pantalones, pues estaba cien por cien seguro
de que Lord Adeleid era un diablo. Caminó despacio retirándose de esa escena, y
entonces ella, puso sus frías manos sobré las suyas, y un débil ‘’espera…’’
resbaló de su boca, con su suplicante mirada de temor empapada de lágrimas.
-Yo… quisiera estar con vos, conduciendo en carro… si no es
molestia por su puesto – dijo Susana.
-Mi reina, claro que podéis… pero permitidme sugeriros que
llevéis la capa, no conviene que nadie sepa que andamos a estas horas con una
mujer de tan noble linaje – Brian intentó sonar lo más elegante posible.
No salió exactamente como pensaba, pero por lo menos ella
sonrió.
-¿Estáis segura de que no queréis hacerme compañía?- preguntó
Adeleid tras una oscura sonrisa.
-Descansad, Lord Adeleid, en pocos días recibiréis a vuestro
compañero… - se dedicó a recordarle la reina.
Tras dos semanas de intenso viaje atravesando pueblos y
rodeando montañas, llegaron al templo de los Dioses, donde un hombre sentado en
el aire negó la entrada a la reina y a Brian, que se había ganado todo el
afecto de Susana.
-Caballero, exigimos la entrada para poder hablar con el
ángel Fereim ahora mismo – se impuso Brian.
-He dicho que no, jóvenes, no se puede molestar a un ángel
por ambición – renegó el hombre.
-Caballero, soy la futura reina Susana de Koreti-sheid, el
lugar ahora custodiado por una bruja de grandes poderes, necesito hablar con el
ángel…
-NO, NO Y NO – le gritó el hombre.
-¿Pero cómo se atreve…? – murmuró Brian.
Susana, alzo una mano a modo de silencio, sin quitarle un
ojo al monje ese, y ordeno.
-Brian, llama a Lord Adeleid, seguro que le hace cambiar de
opinión, a este amable hombre.
Brian esbozó una sonrisa picarona, y se retiró sin dar la
espalda a su reina, desapareciendo rumbo a las carrozas. Susana, espero
pacientemente, sonriendo sin sentimientos y por fin, se adentró en el templo de
los dioses una figura encorvada, envuelta en una capa verde oscura de
terciopelo. Cruzó el umbral de la puerta y el monje le detuvo.
Lord Adeleid se lo quitó de encima con un empujón, y se
quitó la capa, mostrando su piel fina como el hielo.
-¡FEREIM EL GRAN ÁNGEL! SAL A RECIBIRME VIEJO AMIGO – gritó
con su toque irónico.
El viento recorrió los pasillos del templo, y una luz les
recibió con forma de hombre. Un aspecto suave y sabio. Mas una gran expresión
de odio y enfado cubría su rostro.
-Lord Adeleid, ángel caído, ¿Cómo osáis atreveros a invadir
mi templo?- rugió con una voz suave
-Fereim, ¿cómo osáis vos llamarme ángel caído cuando estamos
a la misma altura? – Contraatacó con su irónica sonrisa- pero no me he
molestado en venir para discutir, esta dama que yace a mi lado es La Infanta
Susana de Koreti-shield
-He oído hablar de su reino, es como tu hogar Adeleid, un
infierno – interrumpió el ángel – esta reinado por una bruja ¿Me equivoco? Ese
reino debería desaparecer…
-Pido un respeto por mi reino y la gente que yace en él –
habló Susana, con coraje- Os hacéis llamar ángel y queréis destruir a gente
inocente que no tienen la culpa de ser
reinados por esa bruja.
El ángel, la observó de arriba abajo admirando su valor y despreciándola
por su orgullo.
-Fereim, esta joven es la verdadera heredera del reino, ella
forma parte de la profecía del ejército invisible. Es la hija de una bruja.
Fereim, prestó atención a las palabras de Adeleid.
-¿Cuál es tu don pequeña?
-Soy una Creadora. A través de mi imaginación, y con un poco
de astucia, valor y voluntad puedo crear un guerrero de la nada.
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