EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

domingo, 9 de diciembre de 2012

LUNA BLANCA (IX)



Carolina no era partidaria de las hogueras a media noche, según su argumento era como llevar un cartel con la frase ‘SOY UNA PROSCRITA Y ESTOY AQUÍ’ escrita en el centro y en mayúscula. Puede que hasta con luces. Habían encontrado una cueva cerca de la Gran Cordillera, y mientras Adrian acariciaba el pelo de su hermana pequeña, la cual yacía durmiendo en su regazo, Carolina, miraba más allá de la luz de la luna con añoranza y por un momento temor.
-¿A dónde nos dirigimos? – preguntó Adrian casi en un susurro.
-Al sur – Carolina se frotó los ojos – Siempre he huido del sur, y misteriosamente te conozco y algo me hace volver a él. No lo entiendo.
-¿Por qué huyes del sur? – preguntó Adrian de nuevo.
-Bueno, no es del sur de quien huyo, es de Bibnandor.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica. Rodeó sus rodillas con sus largos brazos y apretó sus labios. Miró a la luna otra vez y de pronto, Adrian observó lo imposible. Estaba llorando.
-No lo entiendo – intentó evitar el tema Adrian- soy mayor que tú, y en mi infancia he vivido temiéndote más a ti que al lobo feroz. La Cazadora de Bibnandor es un mito, tú no puedes ser ella.
-Cuéntame la leyenda – le ordenó en un susurro- a veces es solo cuestión de paciencia y atención.
-La leyenda de la Cazadora, dice que en el terrible reino de Bibnandor, al sur, rodeado por unas murallas inquebrantables, donde solo había dolor y pobreza, se encontraba una pequeña familia, compuesta por una madre y sus dos hijas. Vivian de lo que podía permitirse, es decir nada. Por eso la hermana mayor, Mely se dedicaba a robar y la hermana pequeña Neoseld cazaba y hacia rabiar a los soldados del rey. Pronto la madre de las niñas cayó enferma y bueno, en un reino como ese, fue cuestión de días que muriera. Tras varios meses desde esta muerte, un capitán de la guardia conocido como el Temible Capitán, atrapó a Neoseld mientras regresaba del bosque tras haber cazado un conejo. La llevo al castillo, donde el rey sin ni si quiera escuchar sus motivos, le impuso la pena de muerte. A la mañana siguiente, sería asesinada en la hoguera. Esa misma noche, el Temible Capitán abrió su celda y la llevó hasta los límites del reino. La gran muralla desveló su entrada y Neoseld fue desterrada. Se dice que su hermana Mely ocupó su puesto en la hoguera y entregó al rey algo sumamente valioso. – Adrian paró a recuperar el aire.- Pero esto ocurrió en la época de mi bisabuelo.
-Lo sé. Neoseld era mi bisabuela. Estaba enamorada de un chico de Bibnandor, el panadero concretamente, y el muy cerdo la dejó embarazada. Bueno parió a mi abuela, Astren, que siguió los pasos de su madre y fue la segunda cazadora. Gracias a ella el reino de Lonmfie, teme nuestra leyenda más que la del hombre del saco – se rio al decir eso – A mi abuela se la jugó un estúpido cretino y la dejó preñada, si, lo sé, mi familia tiene un pasado muy descontrolado. Mi madre nació antes de tiempo, y mi abuela estuvo siete años muriéndose de alguna extraña enfermedad. No tienes idea de lo que puede hacerte espabilar una muerte.
-Créeme, sí que lo sé. Demasiado bien para mi gusto – dijo con la cabeza gacha- y déjame adivinar, tu madre se convirtió en la ladrona ¿no? Era Maver, y fue la que puso pánico en Agyrus, el reino del norte.
-Exacto amigo – sonrió al decir esto – Mi madre fue la única cazadora que aprendió a escribir, y heredó la enfermedad de mi abuela. Ella sabía que en cualquier momento iba a morir, y escribió unas crónicas para mí. Se casó con un ladrón espabilado, dudo que por amor, y nací yo.  Sé que mi madre estuvo enferma mucho tiempo, pero empeoró cuando mi padre empezó a maltratarla. ¿Irónico verdad? Se puede maltratar a una de las cazadoras de Bibnandor, eso es casi imposible…
-Lo siento…  - comenzó él.
-No lo sientas, ella fue una idiota. Se enamoró de un gilipollas y es lo que tienen los gilipollas. Cuando cumplí trece, ella se murió. Era mi hora, yo debía reencarnar a la Cazadora de Bibnandor. Aprendí a cazar y sufrí palizas varias, pero al final, un día de invierno cuando mi padre vino a darme una de sus broncas diarias le dije que era un gran cobarde, que había matado a mi madre con sus palizas y que se merecía morir por encima de todo. Se me acercó, intentó pegarme una bofetada y le atravesé el cuello con una flecha. Y ese día, empecé mi venganza y continué la de mis antepasados.
-Ósea… que no eres inmortal – dedujo finalmente.
-¿Enserio Adri? ¿Te he narrado mi vida en prosa y solo te has quedado con eso? – se rio al decirlo.
-Llevó toda mi vida viviendo engañado – bromeó.
Los dos rieron un buen rato, y luego Adrian bostezó, ya era tarde.
-Sinceramente creo que deberías ir a Bibnador. Si tienes que vengar a alguien es a Mely.
-No lo sé. Vengué a mi madre y eso no hizo que ella volviera. Mely jamás regresará. Está muerta.
-En el pueblo, una vez escuche hablar al posadero de Bibnandor. Es peor que el infierno. El mismo dolor se crea en esas tierras, y la gente vive atrapada allí.  Tú serias una buena líder, tu destino es acabar con el rey absoluto que les gobierna.
-Eso que dices es una estupidez – escupió ella.
-Tal vez, pero reconoce que suena bien – sonrió.
-La verdad es que sí, me gustaría hacer algo bueno en mi vida.
-No te culpes, es una tortura – murmuró él – consúltalo con tus sueños.
-¿Si eligiera hacer eso eres consciente de que tú y tu hermana vendríais detrás de mí? – preguntó antes de cerrar los ojos.
-No, María no, déjala fuera de esto – empezó a titubear nervioso.
-No, María entra en esto, ella puede hacer todo lo que hice yo y más. Lo lleva escrito en mayúsculas. Escucha, Neoseld tuvo dos hijas, y solo una estaba destinada a seguir los pasos de su madre. Astren tuvo dos hijas, y la pequeña, mi madre la rencarnó.
-Tuviste una hermana. – dedujo.
-Y ese idiota la mató. Mi padre la mató. – Dijo llorando- yo podía salvarla… y no hice una mierda…
-Eras una cría Carolina ¿Qué querías hacer?- se apresuró a justificarla- ¿La viste morir?
-No – dijo seca – ella volvió.
-¿A dónde? – Adrian creía saber ya la respuesta.
-A Bibnandor – dijo- no sé qué pretendía pero se fue y nunca más volvió. ¿No lo entiendes Adrian? No puedes tratar a María como a una chiquilla aun que lo sea, si te pasara algo tendría el futuro más frio que el rio de la cordillera. Tu hermana es capaz de hacer grandes cosas, yo fui capaz de hacerlas, solo necesité un empujón. La muerte de mi hermana. No dejes que María tenga que pasar por eso.
-¿Crees que soy un cobarde?- preguntó Adrian.
-Por supuesto que no, solo tienes que entrenarte y serias un héroe, no como yo, yo soy un demonio, que importa…- acabó hablándose a sí misma.
-¿Crees que tu hermana fue una cobarde?
-Ariadne fue la persona más valiente que he tenido el honor de conocer.
-Estará viva, en Bibnandor, pero viva. Soy capaz de jugarme el cuello a eso.
Carolina, se secó las lágrimas con el brazo, y se rio rendida por el esfuerzo. Se frotó los ojos y lo miro con paciencia. Lo miró a los ojos con la sonrisa de desesperación que podía esbozar con esfuerzo y al fin murmuró:
-No lo entiendes, estúpido chico… Bibnandor es la muerte.

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