Carolina no era partidaria de las hogueras a media noche, según su
argumento era como llevar un cartel con la frase ‘SOY UNA PROSCRITA Y ESTOY
AQUÍ’ escrita en el centro y en mayúscula. Puede que hasta con luces. Habían
encontrado una cueva cerca de la Gran Cordillera, y mientras Adrian acariciaba
el pelo de su hermana pequeña, la cual yacía durmiendo en su regazo, Carolina,
miraba más allá de la luz de la luna con añoranza y por un momento temor.
-¿A dónde nos dirigimos? – preguntó Adrian casi en un susurro.
-Al sur – Carolina se frotó los ojos – Siempre he huido del sur, y misteriosamente te conozco y algo me hace volver a él. No lo entiendo.
-¿Por qué huyes del sur? – preguntó Adrian de nuevo.
-Bueno, no es del sur de quien huyo, es de Bibnandor.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica. Rodeó sus rodillas con sus largos brazos y apretó sus labios. Miró a la luna otra vez y de pronto, Adrian observó lo imposible. Estaba llorando.
-No lo entiendo – intentó evitar el tema Adrian- soy mayor que tú, y en mi infancia he vivido temiéndote más a ti que al lobo feroz. La Cazadora de Bibnandor es un mito, tú no puedes ser ella.
-Cuéntame la leyenda – le ordenó en un susurro- a veces es solo cuestión de paciencia y atención.
-¿A dónde nos dirigimos? – preguntó Adrian casi en un susurro.
-Al sur – Carolina se frotó los ojos – Siempre he huido del sur, y misteriosamente te conozco y algo me hace volver a él. No lo entiendo.
-¿Por qué huyes del sur? – preguntó Adrian de nuevo.
-Bueno, no es del sur de quien huyo, es de Bibnandor.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la chica. Rodeó sus rodillas con sus largos brazos y apretó sus labios. Miró a la luna otra vez y de pronto, Adrian observó lo imposible. Estaba llorando.
-No lo entiendo – intentó evitar el tema Adrian- soy mayor que tú, y en mi infancia he vivido temiéndote más a ti que al lobo feroz. La Cazadora de Bibnandor es un mito, tú no puedes ser ella.
-Cuéntame la leyenda – le ordenó en un susurro- a veces es solo cuestión de paciencia y atención.
-La leyenda de la Cazadora, dice que en el terrible reino de
Bibnandor, al sur, rodeado por unas murallas inquebrantables, donde solo había
dolor y pobreza, se encontraba una pequeña familia, compuesta por una madre y
sus dos hijas. Vivian de lo que podía permitirse, es decir nada. Por eso la hermana
mayor, Mely se dedicaba a robar y la hermana pequeña Neoseld cazaba y hacia
rabiar a los soldados del rey. Pronto la madre de las niñas cayó enferma y
bueno, en un reino como ese, fue cuestión de días que muriera. Tras varios
meses desde esta muerte, un capitán de la guardia conocido como el Temible
Capitán, atrapó a Neoseld mientras regresaba del bosque tras haber cazado un
conejo. La llevo al castillo, donde el rey sin ni si quiera escuchar sus
motivos, le impuso la pena de muerte. A la mañana siguiente, sería asesinada en
la hoguera. Esa misma noche, el Temible Capitán abrió su celda y la llevó hasta
los límites del reino. La gran muralla desveló su entrada y Neoseld fue
desterrada. Se dice que su hermana Mely ocupó su puesto en la hoguera y entregó
al rey algo sumamente valioso. – Adrian paró a recuperar el aire.- Pero esto
ocurrió en la época de mi bisabuelo.
-Lo sé. Neoseld era mi bisabuela. Estaba enamorada de un
chico de Bibnandor, el panadero concretamente, y el muy cerdo la dejó
embarazada. Bueno parió a mi abuela, Astren, que siguió los pasos de su madre y
fue la segunda cazadora. Gracias a ella el reino de Lonmfie, teme nuestra
leyenda más que la del hombre del saco – se rio al decir eso – A mi abuela se
la jugó un estúpido cretino y la dejó preñada, si, lo sé, mi familia tiene un
pasado muy descontrolado. Mi madre nació antes de tiempo, y mi abuela estuvo
siete años muriéndose de alguna extraña enfermedad. No tienes idea de lo que
puede hacerte espabilar una muerte.
-Créeme, sí que lo sé. Demasiado bien para mi gusto – dijo
con la cabeza gacha- y déjame adivinar, tu madre se convirtió en la ladrona
¿no? Era Maver, y fue la que puso pánico en Agyrus, el reino del norte.
-Exacto amigo – sonrió al decir esto – Mi madre fue la única
cazadora que aprendió a escribir, y heredó la enfermedad de mi abuela. Ella sabía
que en cualquier momento iba a morir, y escribió unas crónicas para mí. Se casó
con un ladrón espabilado, dudo que por amor, y nací yo. Sé que mi madre estuvo enferma mucho tiempo,
pero empeoró cuando mi padre empezó a maltratarla. ¿Irónico verdad? Se puede
maltratar a una de las cazadoras de Bibnandor, eso es casi imposible…
-Lo siento… - comenzó
él.
-No lo sientas, ella fue una idiota. Se enamoró de un
gilipollas y es lo que tienen los gilipollas. Cuando cumplí trece, ella se
murió. Era mi hora, yo debía reencarnar a la Cazadora de Bibnandor. Aprendí a
cazar y sufrí palizas varias, pero al final, un día de invierno cuando mi padre
vino a darme una de sus broncas diarias le dije que era un gran cobarde, que había
matado a mi madre con sus palizas y que se merecía morir por encima de todo. Se
me acercó, intentó pegarme una bofetada y le atravesé el cuello con una flecha.
Y ese día, empecé mi venganza y continué la de mis antepasados.
-Ósea… que no eres inmortal – dedujo finalmente.
-¿Enserio Adri? ¿Te he narrado mi vida en prosa y solo te has
quedado con eso? – se rio al decirlo.
-Llevó toda mi vida viviendo engañado – bromeó.
Los dos rieron un buen rato, y luego Adrian bostezó, ya era
tarde.
-Sinceramente creo que deberías ir a Bibnador. Si tienes que
vengar a alguien es a Mely.
-No lo sé. Vengué a mi madre y eso no hizo que ella volviera.
Mely jamás regresará. Está muerta.
-En el pueblo, una vez escuche hablar al posadero de
Bibnandor. Es peor que el infierno. El mismo dolor se crea en esas tierras, y
la gente vive atrapada allí. Tú serias
una buena líder, tu destino es acabar con el rey absoluto que les gobierna.
-Eso que dices es una estupidez – escupió ella.
-Tal vez, pero reconoce que suena bien – sonrió.
-La verdad es que sí, me gustaría hacer algo bueno en mi
vida.
-No te culpes, es una tortura – murmuró él – consúltalo con
tus sueños.
-¿Si eligiera hacer eso eres consciente de que tú y tu
hermana vendríais detrás de mí? – preguntó antes de cerrar los ojos.
-No, María no, déjala fuera de esto – empezó a titubear
nervioso.
-No, María entra en esto, ella puede hacer todo lo que hice
yo y más. Lo lleva escrito en mayúsculas. Escucha, Neoseld tuvo dos hijas, y
solo una estaba destinada a seguir los pasos de su madre. Astren tuvo dos
hijas, y la pequeña, mi madre la rencarnó.
-Tuviste una hermana. – dedujo.
-Y ese idiota la mató. Mi padre la mató. – Dijo llorando- yo
podía salvarla… y no hice una mierda…
-Eras una cría Carolina ¿Qué querías hacer?- se apresuró a
justificarla- ¿La viste morir?
-No – dijo seca – ella volvió.
-¿A dónde? – Adrian creía saber ya la respuesta.
-A Bibnandor – dijo- no sé qué pretendía pero se fue y nunca
más volvió. ¿No lo entiendes Adrian? No puedes tratar a María como a una chiquilla
aun que lo sea, si te pasara algo tendría el futuro más frio que el rio de la
cordillera. Tu hermana es capaz de hacer grandes cosas, yo fui capaz de
hacerlas, solo necesité un empujón. La muerte de mi hermana. No dejes que María
tenga que pasar por eso.
-¿Crees que soy un cobarde?- preguntó Adrian.
-Por supuesto que no, solo tienes que entrenarte y serias un
héroe, no como yo, yo soy un demonio, que importa…- acabó hablándose a sí
misma.
-¿Crees que tu hermana fue una cobarde?
-Ariadne fue la persona más valiente que he tenido el honor
de conocer.
-Estará viva, en Bibnandor, pero viva. Soy capaz de jugarme
el cuello a eso.
Carolina, se secó las lágrimas con el brazo, y se rio
rendida por el esfuerzo. Se frotó los ojos y lo miro con paciencia. Lo miró a
los ojos con la sonrisa de desesperación que podía esbozar con esfuerzo y al
fin murmuró:
-No lo entiendes, estúpido chico… Bibnandor es la muerte.
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