EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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P.D (2): Comparte tu imaginación conmigo

Fdo.
MAR CULPEPER

viernes, 4 de enero de 2013

DOS DE OROS (X)



Marina cielo ayúdanos a hacer la comida – gritó mi tía asomándose a la escalera.
Me levanté de la cama y miré al reloj. Hora de comer. Baje las escaleras y vi a mi madre y a mi tía sacando toda la comida para preparar…
-¿Qué hay para comer? – pregunté.
-Sopa de champiñones – respondió mi madre.
Mmmm… Rico rico. Este era mi momento, objetivo: que mi tía me dejase invitar a mí mejor amiga Cat a Valencia por mi cumpleaños.  Me lavé las manos y empecé a cortar champiñones y setas.
-Tía, Sara ha tenido la genial idea de celebrar mi cumple aquí en Valencia – empecé a hablar.
-¿Quién es Sara? – interrumpió mi madre.
-La hermana de Iván – intenté continuar
-¿Quién es Iván?
-El mejor amigo de Álvaro – resolvió mi tía- Hace mucho que no sale con él ¿Sabes que les pasa? ¿Cómo lleva el accidente?
-Está mucho mejor, se ve que ha recordado un poco … - lo menos necesario, quise añadir, aunque me contuve- Pero tía quisiera preguntarte si puedo invitar a mi amiga Cat a Valencia para que pueda venir a mi cumpleaños…
-Por supuesto que si cariño – contestó ella –Aunque no nos quedan más habitaciones libres…
-Tranquila conmigo estará bien – sonreí agradecida.
-Entonces todo resuelto – dijo mi tía – ¿subes a decirle a Álvaro que ponga la mesa?
Asentí. Y salí de la cocina a toda prisa.
Subí las escaleras saltando escalones y cuando llegué al primer piso tropecé con la alfombra y caí de morros contra el suelo. Me senté sobre la alfombra y pasé mi mano bajó la nariz. Lo que me temía, estaba sangrando. Se escuchó una débil risita que fue aumentando el volumen poco a poco hasta convertirse en una carcajada. Me levanté intentando no ensuciar nada de sangre y entré en el cuarto de baño. ¿Pero el lerdo este de que va? Después de no dirigirme la palabra va y se ríe de mí... Me lave la mano y la cara con cuidado. Qué fría estaba el agua… Miré al espejo y vi detrás de mí a Álvaro. Ahora estaba serio. ¿Este crio es bipolar o qué? Miré a sus ojos en el reflejo del cristal.
-A comer.
Me volví, preparada para verle de frente. La verdad, es que esos ojitos pardos, hacían que cualquiera le adorase. Pero yo no me iba a arrodillar ante él, eso estaba más que claro… Salí con la cabeza en alto y con la nariz dejando chorrear un hilito más de sangre. Y otra vez,  mi primo se rio a mis espaldas.
-Marina… - susurró.
Le ignoré y bajé al comedor. Abrí el cajo y saqué el mantel. Antes de haberlo podido poner sobre la mesa ya me había caído una gota de sangre encima.
-Mierda – susurré.
-Te he oído – Dijo mi padre, levantándose del sofá- Ves a limpiarte y ponte un poco de papel o algodón. Llama a tu primo.
Me asomé a las escaleras y grité.
-Álvaro que bajes
Me encerré en el cuarto de baño y busqué en el armarito algodón para mi nariz. Nada, no había algodón. Así que me conforme con el rollo entero de papel, que fue malgastando durante toda la comida. Mi padre y mi tío hacían comentarios sobre mi nariz repetidamente, y Álvaro, aunque permanecía más callado de lo normal, murmuraba alguna risita de vez en cuando. Que ganas de callarle la bocaza.
-Tía, ¿Sabes qué? He conocido a los amigos de Álvaro.
-Si cielo ¿Y qué tal? Cuéntame ¿A quiénes has visto? – respondió mi tía, dando un trago a la copa de vino que sostenía sobre su mano derecha.
-Hemos estado en casa de Iván, es el mejor amigo de Álvaro mami – Soné lo más tierna posible, y note la amenazadora mirada de Álvaro sobre mí- Estaba Sara, la hermana de Iván, es una chica genial. Y luego ha venido la novia de Iván, Alicia. – Tocado y hundido.
Álvaro había dejado de comer la sopa y prestaba la más absoluta atención a su primita preferida.
-Vamos a quedar esta tarde Alicia y yo, seguramente vendrá su amiga Marta – continué- iremos al parque…
Que disparate nena – interrumpió mi tía – venid a casa, podéis estar en la terraza del patio trasero y cenar unos bocadillos con refrescos ¿No? – sabia que la tía se iba a ofrecer. En ese momento vi a Álvaro atragantarse con la sopa y mirarme con los ojos más asesinos que había tenido la opción de observar en toda mi vida.
Sonreí para mis adentros, y acabé de comer. A las cuatro, mi madre, mi tía y yo estábamos viendo en la televisión de comedor Moulin Rouge, una tragedia de amor. Preciosa, pero ya la había visto unas veinte veces, así que no era de esperar que cuando sonó mi móvil, se lo agradecí al señor. Miré la pantalla del Samsung: Iván Valencia.
-¿Si? – descolgué el móvil.
-Marinaaa – pronunció mi nombre con unas largas ‘as’ - ¿Hablaste con Álvaro?
-Mmm… no – respondí – no nos dirigimos la palabra.
-¿Por qué no? – La voz de Iván estaba alarmada – tienes que hablar con él.
-¿Pooooor? – dije caminando en círculos y alargando las ‘os’ igual que él había hecho con las ‘as’ de mi nombre.
-Porque si, él tiene algo que contarte
-¿Y porque no viene a decírmelo? – seguí parloteando
-Debes dar tú el primer paso Marina – se escuchó un leve suspiró al otro lado de la línea- por favor…
No era la primera vez que Iván me había pedido algo con esa suplicante y dulce voz. Mi piel sintió un escalofrió, y con una voz entrecortada y cuatro palabras más conseguí colgarle a Iván en las narices, con la ridícula promesa de que hablaría con mi primo. Y destello de imágenes se iluminaron en mi cabeza, y antes de poder recordar que ocurrió ese día de fiesta, en las pascuas de 2010 la puerta del cuarto de baño se abrió, y me encontré de frente con Álvaro.
Se giró tan rápidamente que me hizo temer que yo me hubiera convertido en algo monstruoso para él.
-Ehhh – le llamé agarrándolo por el brazo – siéntate ahí – añadí y señalé al inodoro.
Álvaro levantó una ceja, y abrió la boca para replicar, pero yo ya le estaba dirigiendo una mirada de mala uva que hizo que se lo pensara dos veces. Se sentó sobre la taza del wáter y esperó.
-¿Algo que decirme? – empecé.
El chico me miró, y luego vio el móvil. Me volvió a mirar y negó suavemente.
-¿Seguro? – Insistí tensando los labios - ¿Nada, absolutamente nada?
Él volvió a negar, mientras agitaba la pierna, tal vez un poco nervioso. Me arrodillé frente a él y suspiré por última vez antes de irme.
-Sabes que puedes confiar en mí
No era una pregunta, pero tampoco era una frase segura. Simplemente era como un sueño, que había dejado de ocurrir.
-Lo siento – murmuró. Pero yo ya no escuchaba.
Baje al piso de abajo, y abrí la puerta. Eran ya las cuatro y media. Como pasa el tiempo… Salí de casa y comencé a pasear camino a la estación del metro. Decidí ir a ver a Iván otra vez, no sé con qué líos se andaba este, pero la cosa estaba en que sabía más que yo. Llegué allá sobre las cinco y cuarto, y Sara salió a recibirme.
-Está durmiendo – murmuró
-Siento tener que despertarle – contradije yo- Él sabe que odio los secretos, ya discutimos por eso una vez.
-Sí, pero él no se acuerda –me dejó pasar, y yo me senté en uno de los sillones verdes del salón
-Odio que no se acuerde – sollocé
-Tu elegiste que fuera un secreto, fue vuestra decisión – Sara me rodeó con sus brazos.
-No Sara, yo elegí que fuera nuestro secreto, pero él no se acuerda de nada – la voz se entrecortaba poco a poco – Ali no debe de tener ni idea ¿verdad?
Sara negó con la cabeza suavemente.
-Es horrible… Yo quería que compartiéramos el secreto, no cargar yo con toda la responsabilidad que trae. Me siento como escondiéndole la verdad a Ali…
-Exactamente es lo que estás haciendo cielo – me respondió la chica rubia – y es mejor que lo sigas haciendo.
-No es justo Sara, ¿Por qué tengo que aguantar yo toda la carga? ¿Por qué no él? ¿Para qué demonios recuerda a Ali pero no que pasamos una noche de locos? Yo también quiero olvidar – estallé. Y los ojos de Sara me miraron apenados antes de abrazarme de nuevo.

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