- Por favor un Martini con tres olivas y un vaso de ron.
El camarero, preparó los vasos, y también un plato de
aperitivos; Jaime extendió un billete de 20 € y recogió la bebida, el plato y
su cambió. Se sentó en frente mío, me llevé mi Martini a la boca e intenté
disimular mi nerviosismo ante ese incómodo momento de silencio. Me sonrió, y
paseó su mano por su cuello.
- Háblame de ti- propuso. Entonces noté que él también
estaba incómodo.
- Bueno... Soy de Madrid. Tengo 20 años y trabajo en una
empresa de modelos como maquilladora. El próximo año empiezo la universidad.
Jaime dio un trago a su vaso.
-Empiezas tarde ¿No?
-Repetí curso dos veces- puntualicé.
-Cráneo privilegiado...- se burló.
- No- respondí bastante seria- mi padre pegó a mi madre, y
ella le denunció. Hubo una larga temporada de juicios y bueno... Mis resultados
escolares se vieron afectados.
Se quedó callado y un poco sonrojado.
-No pasa nada Jaime, la gente suele juzgar un libro por su
portada.
-¿Qué quieres decir?
- Los chicos me veis como "la-rubia-buenorra" Las
chicas como "puta-roba-novios" Pero no soy ni la opción A, ni la B.
- Pues yo no te veo así... ¿Cómo me ves tu a mí?
Hice una larga pausa para pensar y finalmente opté por un
cambio de tema.
- Te veo... Aburrido -dije- Mira a esa chica de allí.
Al fondo del local había una chica de aproximadamente 1'60
de estatura.
Tenía una figura esbelta, las manos pequeñas con unas uñas
mordisqueadas, tal vez del nerviosismo. Su pelo corto y ondulado rojizo, le cubría
el rostro.
Se dio cuenta de que la analizábamos, y dirigió sus oscuros
y penetrantes ojos brillantes hacia los míos. Me atravesó con la mirada, y caí
en la cuenta de que estaba llorando.
- ¿Por qué crees que llora? -pregunté, esquivando esos fríos
ojos.
- Serán cursiladas de niñas... Pero supongo... Que no debo
juzgarla sin conocerla ¿Verdad?
- Exacto.
Ante su gran sorpresa, me levanté de la silla y cogí mi
Martini con las dos olivas que quedaban.
-¿Te vas?
Negué con la cabeza. Y me acerqué a la mesa de la pelirroja
deprimida. Simulé que me tropezaba, y me apoyé en su mesa. Dije algo sobre que
me había mareado, y tras tartamudear una excusa más o menos creíble, me senté a
su lado.
-¿Qué quieres? -me espetó- como actriz no te ganarías la
vida...
-Busted - respondí - Solo venía a hacerte compañía...
Me miró con cara de desconfianza y frunció el ceño.
- Soy Laura, te he visto llorando y he venido a ayudarte,
supongo.
- No quiero tu ayuda- se limitó a responder.
- Oye, entiendo que te moleste pero mi amigo, el que está
sentado detrás, cree que es por cursilerías y....
- ¿De qué coño vas? No es asunto tuyo ¿Vale? Dejadme ya - su
voz se apagó en un sollozo.
Me giré y me dispuse a volver con mi compañero que se reía
al otro lado del local. De pronto, la chica, me cogió de la mano y me obligó a
sentarme.
- Haz que hablas conmigo por favor - me suplicó- Dios mío
que no me vea...
Miré el local disimuladamente, hasta que caí en el chico
musculoso y con cara de malas pulgas que había rondando por el pub estaba
buscando a alguien.
- ¿Quién es?
- mmm... Mi ex David. Lo he dejado esta mañana. Veras, es el
chico más pesimista del planeta. Se ha puesto hecho una furia, me ha gritado,
ha volcado el mobiliario del hotel y ha forcejeado conmigo para... Dios mío no
quiero creerlo aun... - ruidosamente lloró y el chico nos detectó.
- Nos ha visto - murmuró- tengo que salir de aquí.
- Ni de broma. Quédate aquí conmigo.
Miré a Jaime con cara de auxilio, aunque él no me entendía
del todo. Me iba a levantar para hablarle cuándo un grito surgió desde la
multitud:
- ASQUEROSA HIJA DE PUTA
La chica del pelo corto me cogió fuerte de la mano y yo me
interpuse entre el chico y ella. Casi me mata en bestia ese del empujón que me
dio. Cuando volví a mirar el panorama, David estaba en el suelo y Jaime
enfrente de el con la camiseta arremangada y los puños cerrados.
Extendió su mano y me agarré a ella como si mi vida
dependiera de eso.
-Llama a seguridad – murmuró – deprisa, vamos.
Me alejé a zancadas de la escena y pedí ayuda al chico de la
barra. A la vuelta iba con dos hombres fuertes y grandullones con la plaquita
de ‘’Seguridad’’ en el pecho. Cogieron al chaval por los brazos y se lo
llevaron del local.
La música había parada, la gente se había callado. El único
sonido eran las lágrimas de aquella chica pelirroja arrodillada en el suelo.
Conmovida por la situación me agaché a su lado y le pregunte por su nombre.
Entre sollozos susurró ‘’Isabel’’ La ayudé a levantarse y la saqué de ese lugar
llenó de miradas curiosas.
-Bueno Isa… Si quieres esta noche la puedes pasar en mi
habitación…- le propuse.
-No... No hace falta… De verdad…
-Venga ya Isa…No creo que sea un buen día para dormir con tu
ex ¿no crees?
Mi pregunta, le puso los pelos de punta y aceptó enseguida
mi propuesta.
Subimos al piso 40 y
abrí la puerta con la tarjetita. Mi cuarto era una suite, así que me
ofrecí dormir en el sofá cama, pero ella lo rechazó y pidió que yo estuviera en
la cama. Le presté mi pijama verde pistacho, que le venía algo grande porque yo
le sacaba varios centímetros.
-¿Qué te gustaría hacer para animarte, Isa? – Le pregunté -
¿Te apetece un chocolate caliente o prefieres un helado?
Por fin, enseñó una tímida sonrisa, y dijo:
-Un helado por favor. Por cierto siento haberte estropeado la
noche con el chico guapo…
-¿Jaime? No importa, solo era un amigo… - me sonrojé.
Llamé al camarero y le pedí el helado y el chocolate
caliente, evitando el tema de conversación.
-Bien Isa… Hagamos una noche de chicas… ¿Qué te apetece?
-Bueno, me relaja leer, peinar, dibujar, fotografiar…
-Veamos que tengo por aquí… La cámara no es muy buena así que
descartamos la idea… ¿Quieres peinarme? Un peinado de trenzas sencillo y
gracioso. Si quieres puedo leerte algo.
-Suena genial, ¿Qué libros tienes aquí?
-mmm…. –pasé el dedo por los títulos escritos en los lomos y
leí en voz alta – La vuelta al mundo en ochenta días, Viaje al centro de la
tierra, Verano en vaqueros, Heidi, Harry Potter, Las aventuras de Tom Sawyer,
Percy Jackson…
-¿Percy Jackson? ¡Me encanta! – Me interrumpió - ¿Cuál es de
todos?
-Percy Jackson y el ladrón del rayo – Saqué el libro del
estante – Nunca me lo llegué a leer. No me gusta leer.
-¿Qué? – Gritó – Por mi vida que estas vacaciones de Navidad
te lees veinte libros –juró.
Reí ante aquel juramento pero ella parecía muy convencida.
Se subió a mi cama y me senté delante de ella, pronto comenzó a peinar mis
ondulaciones del cabello y yo abrí el libro y leí.
-Mira, yo no quería ser
mestizo. Si estás leyendo esto porque crees que podrías estar en la misma
situación, mi consejo es este: cierra el libro inmediatamente. –
instintivamente obedecí a las palabras del autor. – Ves Isa, hasta el autor
piensa que este libro es un desperdicio.
-¿Qué estás diciendo? ¿De verdad no tienes curiosidad de
saber quién es Percy Jackson?
Negué con la cabeza.
-Me importa un comino.
-Es un semidiós. Hijo de Poseidón.
-¿Quién? – pregunté. Sin esperar su respuesta abrí el libro y
continué leyendo –Créete la mentira que
tu padre o tu madre te contaron sobre tu nacimiento, e intenta llevar una vida
normal. Ser mestizo es peligroso…
Y este libro, fue el motivo por el que hoy en día amo leer.
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