PRÓLOGO
Había una vez, un valeroso rey, que ya cumplía sus cuarenta
años, y carecía de esposa y heredero a su trono. Su tiempo, siempre lo dedicó a
conquistar grandes reinos, y nunca pareció estar interesado en las mujeres.
Cierto día, rescató de las mazmorras del reino vecino, una hermosa dama casi
diez años menor que él, la cual había sido acusada de ser bruja. Ignorando
estos rumores y dirigiéndose a su perdición, el rey hizo de ella, la reina.
Años más tarde, esta mujer dio a luz a tres trillizas
totalmente idénticas. Todas ellas con hermosos cabellos lisos y pelirrojos, grades
ojos verdes y una piel pálida y frágil. Estas habían sido bautizadas como:
Amelia, Esmeralda y Susana.
Diez años más tarde, el reino solo hablaba de la siniestra y
diferente familia real. Todos había podido observar que mientras el rey
envejecía, la reina se mantenía igual de joven y hermosa que el día que llego
al palacio, y este extraño motivo hizo que se la llamara Anastasia Inmortal.
Olvidando este curioso dato que caracterizaba a su majestad, la atención de
todos los hombres del reino se fijaba en la más coqueta de las tres hermanas:
Amelia, a la que apodaron, La Hermosa, aún siendo idéntica que las demás
princesas. La segunda de las hermanas, Esmeralda, nunca fue apreciada por el
pueblo, puesto que mantenía una gran admiración por su arrogante madre, y fue
conocida como Esmeralda la Egoísta. Sin embargo, nunca hubo rumores de la más
pequeña de las tres, Susana, la Invisible.
Susana, adoraba a su padre como al que más, y odiaba a su
madre con toda su alma, algo que ni siquiera se molestó en ocultar.
Solo los sirvientes de palacio eran conscientes del poco
amor que ofrecía la reina por sus hijas, de las cuales su favorita siempre
había sido Esmeralda. Anastasia Inmortal escondía una chispa de miedo hacia las
tres vidas que ella había creado, y Susana siempre fue consciente de ello, pero
hasta que no cumplió los dieciocho no llegó a saber por qué.
Un día Amelia cantó una canción que había oído cantar a una
sirvienta mientras limpiaba las ventanas: ‘’La
dama que limpia la alcoba de la reina esconde un gran secreto, ¿Qué será? ¿Qué será?
Tal vez esté enamorada del rey y no lo sepa, tal vez saberlo la haría infeliz,
tal vez muera enferma y triste, porque el amor la hizo sufrir’’
Faltó tiempo para que la dama que limpiaba la alcoba cayera
enferma y muriera depresiva porque estaba enamorada del rey. Faltó tiempo para
descubrir, que las canciones de Amelia, se cumplían.
Otro día Esmeralda soñó con un puñal de plata, una dama
blanca y la muerte de un rey. Pobre de la joven Esmeralda, que predijo la
muerte de su padre, sin saber por qué.
¿Y qué fue de Susana? Nunca se supo su don, e invisible,
como siempre había sido se fue de palacio, a algún lugar lejos de su reino.
Pero no importaba lo lejos que se escondiera la niña Susana,
pronto llegó la noticia de la muerte de Amelia y Esmeralda. La reina era una
bruja, y sabía cuál era su error. Tres hijas con extraordinarios dones,
peligrosos para ella, y que la superaban en poder.
Una sirvienta de palacio la escuchó decir:
-No importa dónde te escondas pequeña Susana, algún día te
encontraré.
Y con esto último Susana huyo hasta el reino del hermano de
su padre, sin saber cuál era su don y con un regalo extra.
-Anastasia Inmortal te entrega el don de la eterna juventud,
porque si debes morir de alguna manera, seré yo quien te mate, Susana.
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