El
proceso de transformación es una de las cosas que más me gusta de ser
sirena. No es como dicen los cuentos,
eso de que nada más mojarte te conviertes. Es un acto voluntario que debes
aprender a controlar. El proceso tiene momentos dolorosos, como cuando crecen
escamas sobre mi piel y membranas entre mis dedos. El intercambio de piernas
por cola es algo de lo que casi no me percato, hasta que no me impulso al fondo
del mar. Sé que me crece el pelo y coge un toque pelirrojo. Simplemente me
vuelvo un ser natural y libre.
Cuando
mi metamorfosis se completó en decimas de segundos, saqué la cabeza de Cristina
del mar y la aguante. Tosió repetidas veces y cuando tuvo un ligero contacto
con mi cola volvió a tragar agua y me rechazó con la mirada.
-Si lo
prefieres te suelto ahora mismo – le advertí.
Movió
la cara de lado a lado, asustada. Tres marineros bajaron con un bote salvavidas
y ayudaron a Cristina a subir a él. La impulse para que subiera y luego me
percaté de unas miradas intimidantes. El marinero más cercano a mi tenía un
semblante bastante impresionado. Reflejaba todos sus pensamientos: deseo y placer.
Y fue ese día cuando comprendí la realidad; por que las sirenas son asesinas. Y
la solución es sencilla: mi gente nunca fue malvada, solo unas incomprendidas.
Esos tres marineros veían en mi belleza algo inalcanzable, y me quería para
ellos, para aprovecharse de mí. Miles de imágenes de hombres forcejeando con
mujeres con un cruel propósito se acumularon en mi cabeza. Pero las sirenas
están infravaloradas. Son mujeres, si, mujeres fuertes y vengativas que hacen
creer a marineros que pueden ser de ellos cuando en realidad lo que quieren es
castigarles por su egoísmo. Cristina sin embargo, no le importaba lo más mínimo
que fuera el ser más bello del planeta. Descubrió que en lo más profundo de mí
ser, se estaba creando un gran sentimiento de odio, y sabía que lo acabaría
pagando con todos ellos. Estoy segura de que pensaba que como esto se le fuera
de las manos, yo llamaría a más sirenas y solo era cuestión de horas que todos estuvieran
muertos. Y debo admitir que no se le había escapado ni un solo detalle.
-Julia-murmuró
ella, todavía asustada- tú no eres como ellas. Tú no eres un monstruo.
Automáticamente
me puse a la defensiva; enseñé los dientes y grité.
-¡NO
TIENES NI IDEA DE NADA, PERRA!-chillé desesperada- NO SOMOS MONSTRUOS, VOSOTROS
SI QUE LO SOIS. ¡ARROGANTES, EGOÍSTAS, CRUELES BESTIAS OS LO MERECEIS! MERECEIS
LA MUERTE POR ENCIMA DE TODO.
Cristina
empezó a llorar nada más ver que perdía los papeles. Lloró y lloró e intentó no
escuchar mis palabras, porque eran crueles y tristes. Sé que se sentía
indefensa e inferior al verme en otro estado. De pronto me cogió la mano y me
miró a los ojos. Respiró profundamente y sollozó una vez más antes de hablar.
-Ahógame
– me pidió- si de verdad eres como las demás hazlo.
-NO –
respondí automáticamente, contradiciéndome.
Cristina
sonrió y me cogió la otra mano.
-Sé más
de sirenas que tú, créeme – tartamudeó – yo y mi hermano las hemos estudiado… y
sabemos que tienen motivos para odiar a los hombre… pero tú sabes que algunos
no somos así ¿verdad?
Le sostuve
la mirada un buen rato, hasta que empecé a derramar lágrimas. Apoyé la cabeza
en las manos de Cristina, y ella me acarició los cabellos. Pronto, una luz
amarilla surgió de la nada, y apareció un joven de unos 19 años en el bote. Llevaba
una túnica verde, y su pelo rubio peinado hacia atrás. Sostenía la varita en
posición defensiva y estaba algo inseguro.
-Jovencitas,
siento interrumpir, pero llegamos ya con retraso al internado… – comenzó.
-Oh, lo
sentimos mucho caballero pero es que estábamos jugando con un hombre lobo y una
sirena –respondió Cristina con ironía y una sonrisita estúpida.
-Podría
guardarse el sarcasmo, de hecho vengo a ayudar – se defendió.
-Un poco
tarde ¿no? Además, según su aspecto no se le ve muy seguro ante una mujer loba
y una sirena – remarcó- huele a miedo, amigo
El
chico, sonrió, divertido ante aquella conversación. Se peinó con la mano y se
acercó a mi amiga, le estrechó la mano y dijo:
-Soy
Sergio Cruz, y no tengo miedo a los lobos – se presentó – Año 2 de Nivel
Secundario B. Bienvenidas principiantes, ¿nombres? ¿Cursos?
-Cristina
Soria, Año 1 de Iniciación A y ella es Julia García, Año 1 de Iniciación B. Si
no te importa estamos teniendo serias dificultades para un proceso de
transformación inverso. Rogamos silencio – ante esta petición sonrió amable y
encantadoramente y volvió a concentrarse en mí.
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