EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

martes, 9 de octubre de 2012

PAWL CHEESTERVIL (V)



El proceso de transformación es una de las cosas que más me gusta de ser sirena.  No es como dicen los cuentos, eso de que nada más mojarte te conviertes. Es un acto voluntario que debes aprender a controlar. El proceso tiene momentos dolorosos, como cuando crecen escamas sobre mi piel y membranas entre mis dedos. El intercambio de piernas por cola es algo de lo que casi no me percato, hasta que no me impulso al fondo del mar. Sé que me crece el pelo y coge un toque pelirrojo. Simplemente me vuelvo un ser natural y libre.
Cuando mi metamorfosis se completó en decimas de segundos, saqué la cabeza de Cristina del mar y la aguante. Tosió repetidas veces y cuando tuvo un ligero contacto con mi cola volvió a tragar agua y me rechazó con la mirada.
-Si lo prefieres te suelto ahora mismo – le advertí.
Movió la cara de lado a lado, asustada. Tres marineros bajaron con un bote salvavidas y ayudaron a Cristina a subir a él. La impulse para que subiera y luego me percaté de unas miradas intimidantes. El marinero más cercano a mi tenía un semblante bastante impresionado. Reflejaba todos sus pensamientos: deseo y placer. Y fue ese día cuando comprendí la realidad; por que las sirenas son asesinas. Y la solución es sencilla: mi gente nunca fue malvada, solo unas incomprendidas. Esos tres marineros veían en mi belleza algo inalcanzable, y me quería para ellos, para aprovecharse de mí. Miles de imágenes de hombres forcejeando con mujeres con un cruel propósito se acumularon en mi cabeza. Pero las sirenas están infravaloradas. Son mujeres, si, mujeres fuertes y vengativas que hacen creer a marineros que pueden ser de ellos cuando en realidad lo que quieren es castigarles por su egoísmo. Cristina sin embargo, no le importaba lo más mínimo que fuera el ser más bello del planeta. Descubrió que en lo más profundo de mí ser, se estaba creando un gran sentimiento de odio, y sabía que lo acabaría pagando con todos ellos. Estoy segura de que pensaba que como esto se le fuera de las manos, yo llamaría a más sirenas y solo era cuestión de horas que todos estuvieran muertos. Y debo admitir que no se le había escapado ni un solo detalle.
-Julia-murmuró ella, todavía asustada- tú no eres como ellas. Tú no eres un monstruo.
Automáticamente me puse a la defensiva; enseñé los dientes y grité.
-¡NO TIENES NI IDEA DE NADA, PERRA!-chillé desesperada- NO SOMOS MONSTRUOS, VOSOTROS SI QUE LO SOIS. ¡ARROGANTES, EGOÍSTAS, CRUELES BESTIAS OS LO MERECEIS! MERECEIS LA MUERTE POR ENCIMA DE TODO.
Cristina empezó a llorar nada más ver que perdía los papeles. Lloró y lloró e intentó no escuchar mis palabras, porque eran crueles y tristes. Sé que se sentía indefensa e inferior al verme en otro estado. De pronto me cogió la mano y me miró a los ojos. Respiró profundamente y sollozó una vez más antes de hablar.
-Ahógame – me pidió- si de verdad eres como las demás hazlo.
-NO – respondí automáticamente, contradiciéndome.
Cristina sonrió y me cogió la otra mano.
-Sé más de sirenas que tú, créeme – tartamudeó – yo y mi hermano las hemos estudiado… y sabemos que tienen motivos para odiar a los hombre… pero tú sabes que algunos no somos así ¿verdad?
Le sostuve la mirada un buen rato, hasta que empecé a derramar lágrimas. Apoyé la cabeza en las manos de Cristina, y ella me acarició los cabellos. Pronto, una luz amarilla surgió de la nada, y apareció un joven de unos 19 años en el bote. Llevaba una túnica verde, y su pelo rubio peinado hacia atrás. Sostenía la varita en posición defensiva y estaba algo inseguro.
-Jovencitas, siento interrumpir, pero llegamos ya con retraso al internado… – comenzó.
-Oh, lo sentimos mucho caballero pero es que estábamos jugando con un hombre lobo y una sirena –respondió Cristina con ironía y una sonrisita estúpida.
-Podría guardarse el sarcasmo, de hecho vengo a ayudar – se defendió.
-Un poco tarde ¿no? Además, según su aspecto no se le ve muy seguro ante una mujer loba y una sirena – remarcó- huele a miedo, amigo
El chico, sonrió, divertido ante aquella conversación. Se peinó con la mano y se acercó a mi amiga, le estrechó la mano y dijo:
-Soy Sergio Cruz, y no tengo miedo a los lobos – se presentó – Año 2 de Nivel Secundario B. Bienvenidas principiantes, ¿nombres? ¿Cursos?
-Cristina Soria, Año 1 de Iniciación A y ella es Julia García, Año 1 de Iniciación B. Si no te importa estamos teniendo serias dificultades para un proceso de transformación inverso. Rogamos silencio – ante esta petición sonrió amable y encantadoramente y volvió a concentrarse en mí.

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