El sol
de la mañana ya se alzaba sobre el pueblo. Carolina, ya se había informado de
todo lo necesario para saber donde se encontraba Adrian. Después de su huida
por el bosque, había ido en busca de María, como ella había supuesto, pero la
mujer de la posada de la plaza, ya le había puesto una denuncia por abandonar a
la criatura. En menos de una hora, Adrian iba ha ser juzgado ante un pobre
tribunal para quitarle la custodia de la niña pequeña, la cual iría a parar a
un orfanato. Carolina, no tenía por tendencia ayudar a desconocidos, pero no
era capaz de dejar a Adrian abandonado a su suerte. Sabía por lo que estaba
pasando. A ella también le habían quitado a su hermana. Por lo tanto, decidió
echarle una mano; de todos modos, no tenía nada mejor que hacer.
Carolina,
disfrutaba viendo desconcertados a los demás, así que meditó varias veces su
plan antes de realizarlo, para que todo saliera bien y fuera bastante cómico.
Estaba claro, que si rescataba primero a Adrian, los soldados del rey Ambour
II, supondrían que irían a casa de la señora Monblanc, que se estaba haciendo
cargo de María hasta que el carro del orfanato fuera a recogerla. Pero también era consciente de los riesgos
que tenía rescatar a una niña de seis años para luego ir a la comisaria a por
otra persona. Sí, resultaría divertido hiciera lo que hiciera, pero con los dos
muchachos como peso de carga, la llevaban clara para salir vivos los tres. Al
final se decantó por ir a por la chiquilla.
Llegó a
toda prisa a la pequeña casa de la señora Montblanc, la panadera. Estudió el
piso, y tras dar varios rodeos alrededor de él disimuladamente, descubrió una
pequeña ventana que comunicaba con la cocina. Su primera idea, fue colarse por
ahí dentro, pero con lo pequeño que era el edificio la descubrirían, tendría que
montar el numerito y arreglárselas para salir pitando. Solo había una solución:
si no podía entrar, entonces ellos tendrían que salir.
Media
hora le llevó su plan. Cada minuto, padecía más por el pobre Adrian, que
estaría en una sucia celda con ladrones y gente repugnante. Por fin, escaló el
árbol más cercano a una ventana y localizó una vela encendida. Se sacó del
bolsillo izquierdo un tirachinas fabricado por ella, y colocó una bellota para
disparar. Se concentro bien en el objetivo y respiro hondo varias veces. Una…
dos… tres. La bellota, salió disparada en línea recta, chocó contra la vela y
la tumbó en el mantel. ¿Cuánto tardarían en darse cuenta del humo? Sonrió y
bajo el árbol. Luego se puso la capucha de su capa y escondió la cara,
esperando impacientemente a la salida de la casa.
Diez
minutos después, hacia olor a madera quemada dentro de la casa, se oyó un grito
de socorro y una mujer regordeta con dos de sus sirvientas salieron corriendo, sujetándose
las faldas de la casa:
-MI CASA
ESTA EN LLAMAS – Gritó- ¡¡¡AUXILIO!!!
Carolina
esperó a que saliera María, pero allí no había rastro de una niña pequeña.
Confusa miró a la mujer y para no levantar sospechas, esperó a que fuera otro
el que preguntara por la criatura.
-Oiga
señora, ¿no tenía usted a su cargo una niña?- Dijo por fin un mercader, que salía
del comercio para socorrerla.
-¡Ay
dios mío! ¡La niña!- recordó colocándose las manos en la cabeza.
Carolina
dedujo que el hombre entraría valerosamente a por María, así que sin pensar el
tiempo, rodo a la parte trasera de la casa y se coló por la ventanita.
Corrió
por toda la casa con la capa tapándole la boca y la nariz, y abrió todas las
puertas buscando a María. Al final del piso encontró la única cerrada. Agudizó
el oído, y escuchó unos sollozos de una niña pequeña que llamaban a su hermano.
María.
Forcejeó
varias veces con la puerta, hasta que esta cedió, y encontró a la niña de seis
años, llorando. Supo que era ella por su parecido a Adrian, se arrodilló y
preguntó.
-¿María?
– sonrió tímidamente.
La
niña, la miró con lágrimas en los ojos y le respondió con otra pregunta.
-¿Has
visto a Adrian?
Por una
vez desde hacía mucho tiempo, la cazadora de Bibnandor, tuvo una muestra de
afecto con un ser humano. Acarició el rubio cabello de esa cría y le dijo:
´-Sí
cariño, se donde esta ¿vamos a buscarle?
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