EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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P.D (2): Comparte tu imaginación conmigo

Fdo.
MAR CULPEPER

miércoles, 10 de octubre de 2012

LUNA BLANCA (VI)



El sol de la mañana ya se alzaba sobre el pueblo. Carolina, ya se había informado de todo lo necesario para saber donde se encontraba Adrian. Después de su huida por el bosque, había ido en busca de María, como ella había supuesto, pero la mujer de la posada de la plaza, ya le había puesto una denuncia por abandonar a la criatura. En menos de una hora, Adrian iba ha ser juzgado ante un pobre tribunal para quitarle la custodia de la niña pequeña, la cual iría a parar a un orfanato. Carolina, no tenía por tendencia ayudar a desconocidos, pero no era capaz de dejar a Adrian abandonado a su suerte. Sabía por lo que estaba pasando. A ella también le habían quitado a su hermana. Por lo tanto, decidió echarle una mano; de todos modos, no tenía nada mejor que hacer.
Carolina, disfrutaba viendo desconcertados a los demás, así que meditó varias veces su plan antes de realizarlo, para que todo saliera bien y fuera bastante cómico. Estaba claro, que si rescataba primero a Adrian, los soldados del rey Ambour II, supondrían que irían a casa de la señora Monblanc, que se estaba haciendo cargo de María hasta que el carro del orfanato fuera a recogerla.  Pero también era consciente de los riesgos que tenía rescatar a una niña de seis años para luego ir a la comisaria a por otra persona. Sí, resultaría divertido hiciera lo que hiciera, pero con los dos muchachos como peso de carga, la llevaban clara para salir vivos los tres. Al final se decantó por ir a por la chiquilla.
Llegó a toda prisa a la pequeña casa de la señora Montblanc, la panadera. Estudió el piso, y tras dar varios rodeos alrededor de él disimuladamente, descubrió una pequeña ventana que comunicaba con la cocina. Su primera idea, fue colarse por ahí dentro, pero con lo pequeño que era el edificio la descubrirían, tendría que montar el numerito y arreglárselas para salir pitando. Solo había una solución: si no podía entrar, entonces ellos tendrían que salir.
Media hora le llevó su plan. Cada minuto, padecía más por el pobre Adrian, que estaría en una sucia celda con ladrones y gente repugnante. Por fin, escaló el árbol más cercano a una ventana y localizó una vela encendida. Se sacó del bolsillo izquierdo un tirachinas fabricado por ella, y colocó una bellota para disparar. Se concentro bien en el objetivo y respiro hondo varias veces. Una… dos… tres. La bellota, salió disparada en línea recta, chocó contra la vela y la tumbó en el mantel. ¿Cuánto tardarían en darse cuenta del humo? Sonrió y bajo el árbol. Luego se puso la capucha de su capa y escondió la cara, esperando impacientemente a la salida de la casa.
Diez minutos después, hacia olor a madera quemada dentro de la casa, se oyó un grito de socorro y una mujer regordeta con dos de sus sirvientas salieron corriendo, sujetándose las faldas de la casa:
-MI CASA ESTA EN LLAMAS – Gritó- ¡¡¡AUXILIO!!!
Carolina esperó a que saliera María, pero allí no había rastro de una niña pequeña. Confusa miró a la mujer y para no levantar sospechas, esperó a que fuera otro el que preguntara por la criatura.
-Oiga señora, ¿no tenía usted a su cargo una niña?- Dijo por fin un mercader, que salía del comercio para socorrerla.
-¡Ay dios mío! ¡La niña!- recordó colocándose las manos en la cabeza.

Carolina dedujo que el hombre entraría valerosamente a por María, así que sin pensar el tiempo, rodo a la parte trasera de la casa y se coló por la ventanita.
Corrió por toda la casa con la capa tapándole la boca y la nariz, y abrió todas las puertas buscando a María. Al final del piso encontró la única cerrada. Agudizó el oído, y escuchó unos sollozos de una niña pequeña que llamaban a su hermano. María.
Forcejeó varias veces con la puerta, hasta que esta cedió, y encontró a la niña de seis años, llorando. Supo que era ella por su parecido a Adrian, se arrodilló y preguntó.
-¿María? – sonrió tímidamente.
La niña, la miró con lágrimas en los ojos y le respondió con otra pregunta.
-¿Has visto a Adrian?
Por una vez desde hacía mucho tiempo, la cazadora de Bibnandor, tuvo una muestra de afecto con un ser humano. Acarició el rubio cabello de esa cría y le dijo:
´-Sí cariño, se donde esta ¿vamos a buscarle?

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