Estábamos
a punto de atracar en el puerto del internado. Llegábamos con tres horas de
retraso, pero la directora ya había sido informada de los sucesos. Los tres
estudiantes, estábamos mirando por la borda la enorme figura del gran castillo
que se alzaba en la isla. Se trataba, pues, de un castillo de época medieval,
el cual se mantenía en perfecto estado y estaba rodeado por un precioso bosque.
Javi,
estaba muchísimo más tranquilo que antes, y Cristina, se había cambiado de ropa
y se había quedado hablando conmigo en los camarotes. Ella me contó que su
hermano era una persona que lo había pasado muy mal en la infancia; según me
explicó, los síntomas de la licantropía empezaban a hacerse de notar a partir
de los trece años. Lo lógico, es que se sufriera más las noches de luna llena,
pero por alguna misteriosa razón Javi los sufría más a menudo. Los signos de
Javi lo clasificaban con una capacidad voluntaria para transformarse, lo cual,
para Cristina era una gran ventaja, pero Javi, nunca lo miró de esa manera.
Pensó, que si un hombre lobo ya es peligroso cuando se convierte en la noche de
luna llena, él tenía el defecto de descontrolarse en cualquier momento, como le
acababa de pasar conmigo.
Cristina
iba a ir a la clase A de Nivel de Iniciación, mientras que yo y Javi iríamos a
la B. Algo que me parecía un gran error.
Como iba
comentando, al atracar en el puerto, nos recibió la directora, y cuatro
personajes más. Fue una bienvenida rápida y amable. Los cuatro desconocidos,
eran de raza élfica. Se trataba de los representantes de los distintos equipos.
En esto tenemos al equipo Bondad, Sinceridad, Honor y Valentía. Cristina y yo pertenecíamos
al grupo Valentía, y Javi fue nominado a Honor. La casa de la Valentía ocupaba
el ala Este del castillo, Bondad la zona Norte, Sinceridad la sur y Honor el ala oeste.
Cristina
ocupaba la habitación de enfrente a la mía, número impar: 4053, mientras que la
mía, numero par: 4052.
Cuando
entré en la habitación, me encontré con una chica pelirroja de mi edad. Con el cabello
bastante corto, y liso. Tenía una belleza natural, aunque a mis ojos nunca sería
tan notable, como a los de los demás. Sus ojos verdes, su piel pálida, labios
carnosos, y pómulos realzados. Tanta perfección junta no era real. Vestía con
su túnica amarilla de iniciación, y llevaba varios pins colgados en ella. Tres
en concreto: uno blanco con el símbolo del Honor, otro azul cielo con el curso –
1 Año de iniciación C – y el último y más curioso con la bandera pirata.
-Hola…-
saludé discretamente.
La
chica, dejó de leer su revista, me miró a los ojos, al principio con aire de
superioridad. Luego con cara de sorpresa, y finalmente:
-Hola…
mmm… ¿te importaría cerrar la puerta un momento?- dijo entrecortada.
-No,
claro – Sonreí amablemente. Entré la maleta y cerré la puerta tras de mí.
-Esto…
soy Celia Belmonte – me estrechó la mano.
-Julia García
– respondí.
Apretó
los labios, me observo desde una mejor perspectiva y acabo diciendo:
-¿Lo
eres verdad? ¡¡Eres como yo!!- gritó sonriendo y agitándose energéticamente.
-¿Qué?
No sé de qué me hablas… ¿Qué eres? – Lo reconozco, mentir no es lo mío.
-Venga
ya, se te nota en la cara – dijo emocionada- tú también eres una sirena ¿verdad?
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