EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

domingo, 13 de enero de 2013

PAWL CHEESTERVIL (X)



La reunión de grupo estaba a punto de comenzar. Clara, Marcos y yo llegamos los primeros a la biblioteca y poco a poco llegaron los demás. Mientras tanto, Carlos que acababa de llegar, se paseaba por el aula leyendo un libro poco interesante; Historia de Pawl Cheestervil. Parecía que solo las chicas nos habíamos molestado en cambiarnos de ropa. Esperamos pacientemente a Juan, que era el último que faltaba por llegar. Cris, mal sentada en una silla, leía una novela de Shakespeare, nada más y nada menos que la tragedia de Romeo y Julieta. Llevaba el pelo suelto, cayéndole en ondas por los hombros. Vestía con ropa sencilla; vaqueros oscuros y apretados, deportivas escarlata y una camiseta a rayas blancas y azules oscuras. Sergio, seguía llevando la túnica de la escuela, al igual que el resto de los chicos, y miraba de reojo a Cristina, haciendo ruiditos y silbando, hasta que la bibliotecaria se enfadó y mando silencio bajo la amenaza de que los echaría de la sala. Marcos y Clara dibujaban un mapa de la escuela sobre un folio de gran tamaño, apuntando todas las salas conocidas y al rato hicieron un embrujo sobre el papel, y se añadieron más salas, muchas de las cuales ellos ignoraban su existencia.
Clara, llevaba una sudadera gris, con el símbolo de Superman gravado en grande, el un brillante color fuego. Cruzó las piernas sobré la silla, y comentó el mapa con su amigo, durante un rato.
Paula, alejada del resto de la gente, se mantenía de pie frente a la ventana, y observaba como la reciente lluvia empapaba los cristales. Su piel era casi translucida y su cabello rubio, se aproximaba al color blanco cuando la luz la enfocaba de frente. Elegante y algo informal, Paula, lucía un suéter crema ancho y unos shorts oscuros rotos. Llevaba cantidad de collares. Celia sin embargo, iba más roquera que el resto con la camiseta de los Rolling Stone blanca y una cazadora motera. Se dedicaba a pasear en círculos, a leer la contraportada de algunos libros y a volverse a sentar. Yo sin embargo había optado por la falda de flores que me compró mi madre por mi cumpleaños, de tonos anaranjados y rojizos y una camiseta de manga corta sin ajustar negra con la palabra VINTAGE escrita en mayúsculas. Me había recogido el pelo en una coleta alta y solo hacía que evitarle la mirada al perro que se había sentado frente a mí; Javi.
Por fin, entró Juan. Él sí que se había cambiado de ropa, no era algo formal, claro, pero vestía guay. En resumen se trataba de vaqueros oscuros, camiseta blanca ajustada y cazadora vaquera color azul eléctrico, sobre un chaleco de algodón gris claro. Saludó casi en un murmullo y se sentó a mi lado y al de Carlos.
-Bien – comenzó Marcos – Clara y yo hemos creado un mapa hechizado de la escuela. En total hay 105 salas, y yo propongo que las investiguemos todas. Doce son despachos de profesores, tres son aulas comunes de los profesores y 17 son aulas de clases. 40 son habitaciones. Ocho de estas salas restantes son mazmorras, actualmente sin uso. Luego está el comedor, la cocina y las cuatro salas comunes de cada equipo.
-Nos quedan entonces diez y nueve salas que entre ellas estarían… - Sergio no terminó la frase, esperando que lo hiciera otro.
-Ni idea – rompió el repentino silencio Celia – deben de ser salas secretas del castillo.
Su pelo rojo ardiente contrastaba con sus oscuros ojos. Nadie respondió durante un eterno silencio. De pronto, como si la reunión hubiera concluido Juan dijo:
-No sé qué vais a hacer vosotros pero yo me voy a dar un bañito en la laguna
-Está lloviendo – Paula siguió observando al exterior.
-Además de que tenemos una gran obligación que llevar a cabo – Carlos le dirigió una mirada enfurecida.
-La laguna se extiende bajo el castillo, surge por las mazmorras – explicó Juan, aun esperanzado de que alguien más se uniera al bañito bajo el suelo- lo descubrí esta mañana, uno de los pasadizos del colegio conduce allá- añadió, al ver la cara incomprendida de Marcos.
-¿Pasadizos? – Preguntó aun sin entender Clara.
-Si, seguro que hay más de mil en este castillo – prosiguió el chico rubio – yo solo he encontrado tres. El de las mazmorras que está en mi cuarto, uno que lleva al bosque en las cocinas y otro que lleva a una sala vacía con solo una única mesa rectangular en el centro. Ese pasadizo concretamente se llega desde la gran chimenea del gran comedor.
El mapa de Marcos añadió esas dos salas al dibujo. Les faltaba por averiguar diecisiete salas más. No iba mal para ser el primer día.
-Esto es flipante –dijo Celia- Yo me apunto Juan, vayamos al agua un ratito, eso sentará genial…
Antes de que terminada de hablar, Cristina se levantó con un acto reflejo y miró a Celia con celos y desprecio. Con una mueca pronunció secamente:
-Seguro que si pelirroja, nos estará bien un bañito.
La respuesta de Celia no fue más que una mirada rabiosa y fruncir el ceño. Automáticamente se giró y atravesó la biblioteca para regresar a su cuarto.
-Bueno… - murmuré – tras este trágico paréntesis… ¿Alguien más se viene al agua?
-Si vas tú, nosotros no vamos – murmuró Javi. Y esos intensos ojos oscuros me atravesaron.
-¿Por qué no chucho? ¿No es hora de sacarte a pasear todavía? – vacilé.
Antes de que me arrancara la cabeza, Carlos se puso entre los dos, interrumpiendo el contacto visual. Muchísimo mejor, la verdad. Cris, simplemente se fue por donde todo habíamos entrado, pero Javi pareció no inmutarse. Estaba demasiado atento a mis movimientos.
-Yo… esto… también voy – murmuró Paula de repente. Era la primera vez que se le oía decir una palabra.
-Yo casi que también – se unió Carlos, si quitar su mirada de Paula.
Y como habréis supuesto, donde no quería ir nadie, acabaron yendo todos. Habíamos quedado en el cuarto de Juan todos en media hora. Pero solo había pasado diez minutos y Celia y yo ya estábamos más que listas. Celia había elegido un precioso y sencillo bikini de palabra de honor color verde oliva, con pequeños volantitos naranjas. Llevaba además, un suéter para disimular el bikini y unos vaqueros. Yo en cambio, había optado por otro color crema, también sin tirantes, y con unos graciosos flecos en la parte superior del traje de baño. Yo a diferencia de ella, me había puesto una cómoda camiseta de manga corta y unos shorts azul cielo.
Pronto, nos dirigimos al cuarto de Juan. Lejos de nuestra ala. Llegamos pronto, pero aun así, llamamos a la puerta. Para mi suerte o desgracia abrió Javi. Iba sin camiseta, mostrando ese cuerpo bien trabajado, y llevaba un bañador color cielo nocturno y las chanclas ya puestas. Su único fallo, era esa cara de odio con la que nos recibía.
-Los pececitos ya están aquí Juan – gritó sin quitar su mirada de mis ojos. Luego lentamente, se retiró y abrió más la puerta dejándonos entrar.
Primero pasé yo, sonriendo amablemente a Juan, y luego Celia que molesta por la mirada de Javi, no se le ocurrió otra cosa que enseñarle todos los dientes de manera amenazante al lobo.
-¡Celia! – La reñí – No debemos bajar a su nivel
Eso ultimo no pareció gustar al perro grande, porque murmurando algo bastante desagradable volvió a entrar en el cuarto de baño.  Juan, salió para ir a buscar a Paula y a Clara, las cuales no tenían ni idea de cómo tenían que llegar al cuarto. En el mismo instante en el que no había nadie más que nosotras dos en el cuarto, Celia me estiró del pelo y preguntó en un susurró:
-¿Te gusta el chucho? – Su cara estaba en un estado alarmante.
-¿Qué chucho de todos? – respondí. Rio mi gracia, y justo en ese instante salió Javi del baño, sin dirigirnos una sola palabra.
Celia, me hizo señas con la cabeza para que entendiera que se refería a ‘ese chucho’ Yo le negué con la cabeza, y ella me puso los ojos en blanco, queriendo decir ‘’No te lo crees ni tu’’  
Llamaron a la puerta y entró el resto del grupo. Cabíamos de milagro. Luego Juan se acercó al armario lo empujó hacia un lado. Los dos lobos se acercaron y le ayudaron como pudieron. Entonces, así fue, como descubrieron la pequeña trampilla bajo el armario. Juan izo fuerza para forzar el pestillo y cuando lo consiguió y la abrió, saltó dentro de ella con absoluta facilidad.
-¿Qué hay dentro? – gritó Clara. Su eco rebotó bajo el suelo.
-Una cueva – respondió Juan.
-¿Pero cómo va a haber una cueva bajo un octavo piso?
-Magia, nena – se limitó a contestar el gamberro – ¿bajas o no? Estas bloqueándoles el paso a los demás.
 Clara se recogió el pelo en una coleta. El chico de la cueva extendió la mano para ayudarla a bajar. Esta solo de dio la toalla, y bajo de un salto.
-¡AUUUU! – se oyó bajo la trampilla.
-¿Clara estás bien? – Marcos asomó la cabeza por el hueco.
-Si te extiendo la mano es para que me la cojas tonta… - se escuchó renegar a Juan – Marcos, si bajas ten cuidado con esa roca. Resbala mucho.
Marcos obedeció y bajó. Tras el descendieron Sergio y Celia. Esta última estaba tremendamente emocionada. Carlos se tomó su tiempo para bajar, y luego les ayudó a Paula y a Cris.  Javi bajo de un bote, sin apenas tropezar con la roca entrometida.
-Javier por dios, se un caballero y ayúdala a bajar – le ordenó Cris a su hermano.
El chico se giró con cara de malas pulgas y me extendió la mano.
-Puedo bajar sola, gracias – dije con un tonó sarcástico.
Bufó por lo bajo y me volvió a ofrecer la mano, pero esta vez con una mirada más amable, sensible y cariñosa. Entrelace mis dedos con los suyos y en el momento que salté, me soltó de la mano.
-¡JODER! – Grité- ¿Se puede saber qué clase de retraso mental sufres?
-Javi ¿Por qué le has hecho eso? – su hermana se acercó a él, terriblemente enfadada.
-Perdón, lo siento… - empezó a disculparse – Ha sido un calambrazo…
-¿En serio Javi? ¿No se te ocurre nada mejor que decir? – Pregunté retóricamente – para la próxima mejor que no me ayudes en nada.
-Ya vale, vosotros dos – nos riñó Carlos – No habéis parado en todo el día… Dejad de discutir.
-¡Es culpa suya! – le señalé.
-¡Que ha sido un calambrazo! ¿Eres sorda? – me gritó.
-¡Ya vale Javier! – le riñó su hermana. – Vosotros dos tenéis que ir por separado, anda ven conmigo… -añadió estirándole del brazo.
Javi, se limitó a dejarse llevar por Cris, y juntó las cejas con una expresión injusta. Carlos se me acercó y me cogió la mano.
-Tú vas conmigo – murmuró – Poneros por parejas – vociferó.
Paula y Celia que se encontraban muy próximas se dieron la mano. Vi desde lejos como Marcos se la ofrecía a Clara, y distinguí ese brilló en sus ojos tan romántico, pero también me di cuenta de que Clara ni si quiera se había dado cuenta de ese hecho. Sergio se acercó a Juan y este último le respondió:
-¿No hace falta que te de la mano verdad? – sonriendo irónicamente.
Caminamos en silencio durante unos minutos hasta que por fin llegamos a un pasillo sin salida.
-Brillante Juan – dijo Sergio - ¿Qué hacemos aquí?
Juan le chistó, y se acercó a una de las rocas. Sacó de su túnica una preciosa varita de madera, y la agitó un par de veces. Dio un leve golpecito a la piedra y dijo:
-Desvía está roca a la izquierda para descubrir la mazmorra que hay tras ella, Colmillo, Felino y Alado – la roca produjo un gemido y al momento se deslizó suavemente dejando vez un tobogán. – Por favor señores y señoras, pónganse los bañadores porque una vez bajen por el tobogán se habrán empapado un poco. – dijo imitando la voz de un ascensor.
Se quitó la camiseta, dejó la toalla en el suelo y antes de que canté un gallo desapareció por el agujero.
-Tonto el último – dijo Celia sonriendo alegremente y quitándose la ropa antes de pasar ella también.

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