La reunión de grupo estaba a punto de comenzar. Clara,
Marcos y yo llegamos los primeros a la biblioteca y poco a poco llegaron los
demás. Mientras tanto, Carlos que acababa de llegar, se paseaba por el aula
leyendo un libro poco interesante; Historia de Pawl Cheestervil. Parecía que
solo las chicas nos habíamos molestado en cambiarnos de ropa. Esperamos
pacientemente a Juan, que era el último que faltaba por llegar. Cris, mal
sentada en una silla, leía una novela de Shakespeare, nada más y nada menos que
la tragedia de Romeo y Julieta. Llevaba el pelo suelto, cayéndole en ondas por
los hombros. Vestía con ropa sencilla; vaqueros oscuros y apretados, deportivas
escarlata y una camiseta a rayas blancas y azules oscuras. Sergio, seguía
llevando la túnica de la escuela, al igual que el resto de los chicos, y miraba
de reojo a Cristina, haciendo ruiditos y silbando, hasta que la bibliotecaria
se enfadó y mando silencio bajo la amenaza de que los echaría de la sala.
Marcos y Clara dibujaban un mapa de la escuela sobre un folio de gran tamaño,
apuntando todas las salas conocidas y al rato hicieron un embrujo sobre el
papel, y se añadieron más salas, muchas de las cuales ellos ignoraban su
existencia.
Clara, llevaba una sudadera gris, con el símbolo de Superman
gravado en grande, el un brillante color fuego. Cruzó las piernas sobré la
silla, y comentó el mapa con su amigo, durante un rato.
Paula, alejada del resto de la gente, se mantenía de pie
frente a la ventana, y observaba como la reciente lluvia empapaba los cristales.
Su piel era casi translucida y su cabello rubio, se aproximaba al color blanco
cuando la luz la enfocaba de frente. Elegante y algo informal, Paula, lucía un
suéter crema ancho y unos shorts oscuros rotos. Llevaba cantidad de collares.
Celia sin embargo, iba más roquera que el resto con la camiseta de los Rolling
Stone blanca y una cazadora motera. Se dedicaba a pasear en círculos, a leer la
contraportada de algunos libros y a volverse a sentar. Yo sin embargo había
optado por la falda de flores que me compró mi madre por mi cumpleaños, de
tonos anaranjados y rojizos y una camiseta de manga corta sin ajustar negra con
la palabra VINTAGE escrita en mayúsculas. Me había recogido el pelo en una
coleta alta y solo hacía que evitarle la mirada al perro que se había sentado
frente a mí; Javi.
Por fin, entró Juan. Él sí que se había cambiado de ropa, no
era algo formal, claro, pero vestía guay. En resumen se trataba de vaqueros
oscuros, camiseta blanca ajustada y cazadora vaquera color azul eléctrico,
sobre un chaleco de algodón gris claro. Saludó casi en un murmullo y se sentó a
mi lado y al de Carlos.
-Bien – comenzó Marcos – Clara y yo hemos creado un mapa
hechizado de la escuela. En total hay 105 salas, y yo propongo que las
investiguemos todas. Doce son despachos de profesores, tres son aulas comunes
de los profesores y 17 son aulas de clases. 40 son habitaciones. Ocho de estas
salas restantes son mazmorras, actualmente sin uso. Luego está el comedor, la
cocina y las cuatro salas comunes de cada equipo.
-Nos quedan entonces diez y nueve salas que entre ellas
estarían… - Sergio no terminó la frase, esperando que lo hiciera otro.
-Ni idea – rompió el repentino silencio Celia – deben de ser
salas secretas del castillo.
Su pelo rojo ardiente contrastaba con sus oscuros ojos. Nadie
respondió durante un eterno silencio. De pronto, como si la reunión hubiera
concluido Juan dijo:
-No sé qué vais a hacer vosotros pero yo me voy a dar un
bañito en la laguna
-Está lloviendo – Paula siguió observando al exterior.
-Además de que tenemos una gran obligación que llevar a cabo
– Carlos le dirigió una mirada enfurecida.
-La laguna se extiende
bajo el castillo, surge por las mazmorras – explicó Juan, aun esperanzado de
que alguien más se uniera al bañito bajo el suelo- lo descubrí esta mañana, uno
de los pasadizos del colegio conduce allá- añadió, al ver la cara incomprendida
de Marcos.
-¿Pasadizos? – Preguntó aun sin entender Clara.
-Si, seguro que hay más de mil en este castillo – prosiguió
el chico rubio – yo solo he encontrado tres. El de las mazmorras que está en mi
cuarto, uno que lleva al bosque en las cocinas y otro que lleva a una sala
vacía con solo una única mesa rectangular en el centro. Ese pasadizo
concretamente se llega desde la gran chimenea del gran comedor.
El mapa de Marcos añadió esas dos salas al dibujo. Les
faltaba por averiguar diecisiete salas más. No iba mal para ser el primer día.
-Esto es flipante –dijo Celia- Yo me apunto Juan, vayamos al
agua un ratito, eso sentará genial…
Antes de que terminada de hablar, Cristina se levantó con un
acto reflejo y miró a Celia con celos y desprecio. Con una mueca pronunció
secamente:
-Seguro que si pelirroja, nos estará bien un bañito.
La respuesta de Celia no fue más que una mirada rabiosa y
fruncir el ceño. Automáticamente se giró y atravesó la biblioteca para regresar
a su cuarto.
-Bueno… - murmuré – tras este trágico paréntesis… ¿Alguien
más se viene al agua?
-Si vas tú, nosotros no vamos – murmuró Javi. Y esos intensos
ojos oscuros me atravesaron.
-¿Por qué no chucho? ¿No es hora de sacarte a pasear todavía?
– vacilé.
Antes de que me arrancara la cabeza, Carlos se puso entre
los dos, interrumpiendo el contacto visual. Muchísimo mejor, la verdad. Cris,
simplemente se fue por donde todo habíamos entrado, pero Javi pareció no
inmutarse. Estaba demasiado atento a mis movimientos.
-Yo… esto… también voy – murmuró Paula de repente. Era la
primera vez que se le oía decir una palabra.
-Yo casi que también – se unió Carlos, si quitar su mirada de
Paula.
Y como habréis supuesto, donde no quería ir nadie, acabaron
yendo todos. Habíamos quedado en el cuarto de Juan todos en media hora. Pero
solo había pasado diez minutos y Celia y yo ya estábamos más que listas. Celia
había elegido un precioso y sencillo bikini de palabra de honor color verde
oliva, con pequeños volantitos naranjas. Llevaba además, un suéter para disimular
el bikini y unos vaqueros. Yo en cambio, había optado por otro color crema,
también sin tirantes, y con unos graciosos flecos en la parte superior del
traje de baño. Yo a diferencia de ella, me había puesto una cómoda camiseta de
manga corta y unos shorts azul cielo.
Pronto, nos dirigimos al cuarto de Juan. Lejos de nuestra
ala. Llegamos pronto, pero aun así, llamamos a la puerta. Para mi suerte o
desgracia abrió Javi. Iba sin camiseta, mostrando ese cuerpo bien trabajado, y
llevaba un bañador color cielo nocturno y las chanclas ya puestas. Su único
fallo, era esa cara de odio con la que nos recibía.
-Los pececitos ya están aquí Juan – gritó sin quitar su
mirada de mis ojos. Luego lentamente, se retiró y abrió más la puerta
dejándonos entrar.
Primero pasé yo, sonriendo amablemente a Juan, y luego Celia
que molesta por la mirada de Javi, no se le ocurrió otra cosa que enseñarle
todos los dientes de manera amenazante al lobo.
-¡Celia! – La reñí – No debemos bajar a su nivel
Eso ultimo no pareció gustar al perro grande, porque
murmurando algo bastante desagradable volvió a entrar en el cuarto de
baño. Juan, salió para ir a buscar a
Paula y a Clara, las cuales no tenían ni idea de cómo tenían que llegar al cuarto.
En el mismo instante en el que no había nadie más que nosotras dos en el
cuarto, Celia me estiró del pelo y preguntó en un susurró:
-¿Te gusta el chucho? – Su cara estaba en un estado
alarmante.
-¿Qué chucho de todos? – respondí. Rio mi gracia, y justo en
ese instante salió Javi del baño, sin dirigirnos una sola palabra.
Celia, me hizo señas con la cabeza para que entendiera que
se refería a ‘ese chucho’ Yo le negué con la cabeza, y ella me puso los ojos en
blanco, queriendo decir ‘’No te lo crees ni tu’’
Llamaron a la puerta y entró el resto del grupo. Cabíamos de
milagro. Luego Juan se acercó al armario lo empujó hacia un lado. Los dos lobos
se acercaron y le ayudaron como pudieron. Entonces, así fue, como descubrieron
la pequeña trampilla bajo el armario. Juan izo fuerza para forzar el pestillo y
cuando lo consiguió y la abrió, saltó dentro de ella con absoluta facilidad.
-¿Qué hay dentro? – gritó Clara. Su eco rebotó bajo el suelo.
-Una cueva – respondió Juan.
-¿Pero cómo va a haber una cueva bajo un octavo piso?
-Magia, nena – se limitó a contestar el gamberro – ¿bajas o
no? Estas bloqueándoles el paso a los demás.
Clara se recogió el
pelo en una coleta. El chico de la cueva extendió la mano para ayudarla a
bajar. Esta solo de dio la toalla, y bajo de un salto.
-¡AUUUU! – se oyó bajo la trampilla.
-¿Clara estás bien? – Marcos asomó la cabeza por el hueco.
-Si te extiendo la mano es para que me la cojas tonta… - se
escuchó renegar a Juan – Marcos, si bajas ten cuidado con esa roca. Resbala
mucho.
Marcos obedeció y bajó. Tras el descendieron Sergio y Celia.
Esta última estaba tremendamente emocionada. Carlos se tomó su tiempo para
bajar, y luego les ayudó a Paula y a Cris.
Javi bajo de un bote, sin apenas tropezar con la roca entrometida.
-Javier por dios, se un caballero y ayúdala a bajar – le
ordenó Cris a su hermano.
El chico se giró con cara de malas pulgas y me extendió la
mano.
-Puedo bajar sola, gracias – dije con un tonó sarcástico.
Bufó por lo bajo y me volvió a ofrecer la mano, pero esta
vez con una mirada más amable, sensible y cariñosa. Entrelace mis dedos con los
suyos y en el momento que salté, me soltó de la mano.
-¡JODER! – Grité- ¿Se puede saber qué clase de retraso mental
sufres?
-Javi ¿Por qué le has hecho eso? – su hermana se acercó a él,
terriblemente enfadada.
-Perdón, lo siento… - empezó a disculparse – Ha sido un
calambrazo…
-¿En serio Javi? ¿No se te ocurre nada mejor que decir? –
Pregunté retóricamente – para la próxima mejor que no me ayudes en nada.
-Ya vale, vosotros dos – nos riñó Carlos – No habéis parado
en todo el día… Dejad de discutir.
-¡Es culpa suya! – le señalé.
-¡Que ha sido un calambrazo! ¿Eres sorda? – me gritó.
-¡Ya vale Javier! – le riñó su hermana. – Vosotros dos tenéis
que ir por separado, anda ven conmigo… -añadió estirándole del brazo.
Javi, se limitó a dejarse llevar por Cris, y juntó las cejas
con una expresión injusta. Carlos se me acercó y me cogió la mano.
-Tú vas conmigo – murmuró – Poneros por parejas – vociferó.
Paula y Celia que se encontraban muy próximas se dieron la
mano. Vi desde lejos como Marcos se la ofrecía a Clara, y distinguí ese brilló
en sus ojos tan romántico, pero también me di cuenta de que Clara ni si quiera
se había dado cuenta de ese hecho. Sergio se acercó a Juan y este último le
respondió:
-¿No hace falta que te de la mano verdad? – sonriendo irónicamente.
Caminamos en silencio durante unos minutos hasta que por fin
llegamos a un pasillo sin salida.
-Brillante Juan – dijo Sergio - ¿Qué hacemos aquí?
Juan le chistó, y se acercó a una de las rocas. Sacó de su
túnica una preciosa varita de madera, y la agitó un par de veces. Dio un leve
golpecito a la piedra y dijo:
-Desvía está roca a la izquierda
para descubrir la mazmorra que hay tras ella, Colmillo, Felino y Alado – la
roca produjo un gemido y al momento se deslizó suavemente dejando vez un
tobogán. – Por favor señores y señoras, pónganse los bañadores porque una vez
bajen por el tobogán se habrán empapado un poco. – dijo imitando la voz de un
ascensor.
Se quitó la camiseta, dejó la toalla en el suelo y antes de
que canté un gallo desapareció por el agujero.
-Tonto el último – dijo Celia sonriendo alegremente y quitándose
la ropa antes de pasar ella también.
¿Cuándo vas a colgar el próximo capítulo?
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