EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

domingo, 30 de septiembre de 2012

PAWL CHEESTERVIL (IV)


La mirada de Javi se volvió más amenazadora, y arrugó las cejas. Cristina me estudiaba, preparándose para cualquiera de mis reacciones.
-Así que tengo razón ¿no? Sois licántropos – proseguí.
-Y tú eres un pescado – me insultó Javi.
Se que suena muy estúpido, porque nunca os afectaría la palabra pescado pero para una sirena que está por encima de cualquier pez, eso es una falta de respeto muy grave.
-¿Y a ti que te pasa? ¿Qué problema tienes con las sirenas? Pues si lo soy, y a mucha honra.
-Las sirenas son monstruos asesinos con el cuerpo tentativo y provocativo de una mujer – respondió.
Ese chico, me sacaba de casillas. Ya podía ser el más guapo del planeta, pero creído y borde era un rato. Me dio la espalda y se retiró hacia los camarotes. Justo entonces decidí que ya había caído suficiente bajo, y por mi santo orgullo, no iba a dejar que alguien como él me hiciera perder la dignidad.
-Tu en cambio solo eres un chucho que necesita que le saquen a pasear, porque ya es hora de que veas que no eres la perfección del mundo.
Se giró velozmente, lleno de ira, que en milésimas de segundo iba a descargar contra mí. Me estaba gruñendo, enseñaba sus colmillos y se encorvaba.  Pero en cambio, yo, sonreía. Estaba todo controlado. Los licántropos solo se transforman en luna llena, y justo entonces había un sol radiante en el cielo.
Pero de pronto, un rugido de odio escapó de la boca de ese chico, que poco a poco se vio sometido a un proceso de transformación doloroso. Cayó al suelo a cuatro patas, le crecieron garras y pelo negro como el carbón. Su boca comenzó a ser un hocico, y sus dientes más afilados y mortales que nunca. La tela de la ropa se rompió en poco tiempo, y delante de mis narices se encontraba un animal enorme y peligroso a punto de matarme. Si he de deciros que sentí en aquel momento, juro que no era miedo. Es más, me sentía impresionada, y admiraba lo que veían mis ojos, porque ante la mirada de cualquier humano, se trataba de un monstruo, pero ante la mía, era un ser bello y respetado.
-¡JAVI NO! – Gritó su hermana- ¡NO HAGAS NADA DE LO QUE PUEDAS ARREPENTIRTE!
La chica, con todo su valor y coraje se interpuso entre los dos, pero su forma humana no podía detener a aquella bestia descontrolada.
Desde un principio, el ataque de Javi iba dirigido hacia mí, pero fue Cristina quien lo sufrió, al interponerse entre nosotros. El lobo, se sostuvo en sus dos patas traseras, para saltar hacia mí,  y cuando vio la figura de su hermana ante él, intento retener el ataque y solo consiguió empujarla con violencia hacia la cubierta. Y no todo acabó ahí; Cristina cayó de mala manera, e intentó mantener el equilibrio aun que en vano, ya que fue directa al mar.
-HOMBRE AL AGUA –gritó un marinero.
El lobo, se detuvo a recapacitar. Me miro a mí, y luego al agua. Gimió varias veces y luego hizo el proceso de transformación inverso, para volver a ser quien era; el humano irresistible pero borde de siempre. El único… no sé si llamarlo ‘inconveniente’, fue que cuando volvió a ser persona se encontraba desnudo ante mis ojos. Rápidamente, desvié la mirada y me asome por la borda. Cristina, de alguna manera intentaba sostenerse en el agua, pero no duraría mucho más. Se ahogaba.
-Sálvala – me dijo Javi– no sabe nadar.
-No voy a obedecer tus órdenes monstruo – respondí con desprecio.
He de decir que estaba esperando otro ataque, una mirada de odio, un lobo, cualquier cosa, menos unos ojos que reflejaban angustia y desesperación. . Y entonces, con lágrimas en los ojos, por primera vez, pronunció mi nombre.
-Julia, por favor, no quiero perderla.
Yo no me lo pensé dos veces. No lo hice por él, eso desde luego. Lo hice porque aquella chica acababa de dar su vida por la mía; había intentado enfrentarse a un lobo dos veces mayor que ella para defenderme, y había salido pagando las consecuencias. Y no era justo.
Me quité la cazadora a toda máquina y me desaté las sandalias. Me dejé el pelo suelto y salté de cabeza al agua con solo el vestido blanco puesto.

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