Seis y
media de la tarde.
Iván
caminaba por una calle estrecha del pueblo, hacia la biblioteca pública, cerca
de la plaza del ayuntamiento. Iba sumido
en sus pensamientos, escuchando música en voz alta, sin hacerle caso al mundo.
Llevaba
unos pantalones vaqueros pitillo y un sudadera roja de la marca Adidas.
Caminaba con las deportivas desatadas, y sus pasos seguían el ritmo de la
música. La verdad es que no tenía ganas de estudiar, pero valía la pena verla.
Ella. La chica que le visitaba cada
noche en sus sueños, que le producía mariposas en su estomago, que hacía latir
más rápido su corazón y le convertía en otra persona; más tierna, más
compresible, más especial. La chica, por la que suspendía cada año apropósito,
para tener una escusa con la que pasar rato con ella. Suspiró, y se percató de
la estúpida sonrisita que esbozaba. La sonrisa inocente de un enamorado.
-¡Iván!
¿Ibas a alguna parte?
Iván, se
quitó uno de sus auriculares para saber quien le hablaba. Miró al frente, y se
encontró con un chico mayor que él, rubio y fuerte. Evitó su mirada de acero y
se rascó la nuca.
-Yo… iba
a la biblioteca… - Iván se sintió algo intimidado y notó que se ponía nervioso.
-No te
voy a comer ¿eh? – se burló el rubio – ¿te importa que te acompañe?
-Sí, sí
que me importa.
La
verdad, es que se sorprendió a sí mismo de sus palabras, y la seguridad con las
que las había dicho. Sonrió tímidamente, a modo de disculpa e intentó suavizar
las cosas:
-Es que
he quedado con Alicia y bueno… - se encogió de hombros como si esperara a que
se burlara de él, pero para su sorpresa, se sintió dolido.
-Eres un
ingenuo – escupió con frialdad- Ali tiene novio; me tiene a mí.
La
noticia fue recibida como un jarro de agua fría. Se quedo sin habla y sintió
que el mundo se le caía encima, como si estuviera a punto de morir. Se le
humedecieron los ojos, pero parpadeó antes de que cayera su primera lágrima.
Alzo la mirada, fuerte a pesar de todo, y se topo con la de él; orgullosa,
divertida y con un toque de malicia.
Álvaro
se giró y se fue por donde había venido. No había tenido en ningún momento la
necesidad de ir a la biblioteca; solo quería darle la noticia para hundirle
moralmente.
Iván
echó a caminar hecho una furia, sin pensar, con la vista nublada por las
lágrimas y entonces, todo ocurrió muy deprisa.
Un
coche rojo apareció por la esquina, a más velocidad de la que debía. Iván no
reaccionó a tiempo para evitarlo, y fue atropellado. Al mismo instante que su
cabeza chocó contra el cristal del parabrisas, Iván perdió el conocimiento. Lo
último que oyó fue el final de su canción. Lo último que vio fue mucha gente
acercándose a él, y un fantasma con la cara de Alicia, que se alejaba por un
callejón.
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