Habían
pasado tres semanas desde el accidente. Álvaro deseaba con toda su alma ir a
visitar a su amigo, ver como estaba, pero desde la última llamada de Sara,
todas sus esperanzas o ánimos de acudir al hospital se habían esfumado.
Tras
tres días en coma, Iván por fin había despertado. Había olvidado los cuatro
últimos años de su vida. No reconocía a Aarón, el novio de Sara, no sabía quiénes
eran Ángela, Alicia, Marta, Inés, Arturo, Dani… Pero si que había preguntado
por él. La hermana de Iván le había suplicado que fuera a verle, porque su
hermano le necesitaba, pero por algún motivo Álvaro no se atrevía.
Finalmente,
se llenó de valor y decidió enfrentarse a su misterioso miedo.
La casa
de Iván estaba cerca del Instituto de Santa Ana. Era fácil llegar allí en autobús,
puesto que la mayoría de estos paraban en esa calle. Cuando se encontró de
frente a la casa, decidió volverse por donde había venido, pero no lo hizo. Su
amigo le necesitaba.
-¿Está
Iván? – llamó al timbre.
Le
abrió Sara, con una sonrisa radiante en los labios. Inesperadamente le abrazó y
le condujo al interior de la casa. Pronto, divisó a Iván, en el ordenador,
mirando fotos.
-Hey,
Iván… siento no haber venido antes… yo… - tartamudeó.
Iván le
miro en silencio, con la mirada triste y perdida.
-¿Por
qué no sales en ninguna de las fotos de mi Facebook? – preguntó.
Álvaro
se rascó el brazo, y miró al suelo.
-Han
pasado muchas cosas – respondió en un susurró.
-Cuéntame–
le pidió su amigo.
Álvaro
tomo aire, y en una rápida frase, resumió lo que habían pasado estos cuatro
años.
-Estamos
enamorados de la misma chica.
-¿Y por
eso, no has venido a verme al hospital?- preguntó perplejo ante esa respuesta
tan inesperada.
-No
somos amigos Iván – Álvaro respiraba con dificultad y miraba a un punto fijo
en el suelo.
-¿En
cuatro años se ha roto mi amistad con mi mejor amigo por una chica?- dicho así
sonaba estúpido - ¿Somos tontos?
-¡JODER IVÁN
LA QUIERO! – le gritó.
-Pues ya
tienes vía libre, no me acuerdo de ella, no sé quien es – escupió el otro – me equivoqué
contigo chaval. Te importa una mierda que casi me hayan volado la cabeza, tu
solo estas pendiente de una tía.
Se
levantó de la silla y se puso en frente de Álvaro, obligándole a mirarle a los
ojos.
-Tienes
razón, no somos amigos – su mirada relucía de decepción y tristeza – Sara dile
a tu amiga, la que se preocupa tanto y decía que este capullo me ayudaría que
por si no lo sabía hacía ya tiempo que había dejado de ser mi mejor amigo.
Álvaro
le miro a la cara y le cogió el brazo.
-Escúchame,
esa niña, es Alicia, y te puedo jurar que es capaz de dar su vida por ti, así
que hazme un favor y no hables de esa manera de ella. Nunca lo has hecho.
-¿Alicia?
¿Así se llama la causante de toda esta mierda? – Respondió en tono despectivo –
Pues entonces Sara dile a Alicia que no se acerque a mí en lo que me queda de
vida.
``Tocado
y hundido´´, pensó Álvaro.
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