Al fin,
después de dos meses, llegó una carta, avisando que el día más esperado de mi
vida, se aproximaba cada vez más.
''Querida
García Iglesias, Julia:
Esperamos impacientemente tu llegada a nuestra institución, y por eso, es de gran orgullo informarte que tu habitación esta lista para tu iniciación en este curso. No es obligatorio que vengas con uniforme el primer día. Te proporcionaremos la túnica de tu nivel, una vez estés aquí.
Tu habitación es la número 4052 en el ala Este del edificio, que compartirás con una chica de tu edad.
Esperamos impacientemente tu llegada a nuestra institución, y por eso, es de gran orgullo informarte que tu habitación esta lista para tu iniciación en este curso. No es obligatorio que vengas con uniforme el primer día. Te proporcionaremos la túnica de tu nivel, una vez estés aquí.
Tu habitación es la número 4052 en el ala Este del edificio, que compartirás con una chica de tu edad.
Dentro de dos días, a las 11:30pm, te estará esperando un
coche en la puerta de tu casa. Este te llevará al puerto, para que embarques en
un barco inglés, con el nombre de ‘CALYPSO’ junto al dibujo de una luna en
estado creciente y un sol bañado en un color bronce. Lo reconocerás enseguida.
Atentamente,
Aura du Soleil,
La directora''
Atentamente,
Aura du Soleil,
La directora''
Desde ese momento, hasta el día de la partida, me dediqué a
recorrer las avenidas más mágicas, en busca de Carlos, el estudiante de segundo
nivel. Sin embargo, todos mis intentos fueron en vano. Así pues, en el increíble
día, mis padres, me explicaron que esto les venía muy grande, y que era un gran
esfuerzo, el que estaban realizando para dejarme ir al internado, solo, para
verme feliz, y con gente como yo.
Mi corazón, se aceleró cuando el coche vino a buscarme. Los
nervios me atacaron por todos los lados, y la despedida, fue más amarga de lo
que esperaba, pero aun así, nunca me arrepentí de aquel paso que acababa de dar
hacia un futuro mágico-literalmente-.
En el barco, me dediqué a pasear por cubierta. Había dos
alumnos más. Eran hermanos, seguro, ya que sus semblantes eran casi idénticos.
La chica, tenía el pelo alborotado, castaño y salvaje. Sus ojos, mostraban
ferocidad, astucia y un alma libre. Era
morena de piel, y sus actos eran algo bastos, poco humanos. Vestía en vaqueros,
deportivas y sudadera; un aspecto deportista o informal. Cuando notó que le
miraba me sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos, perfectamente
posicionados.
-Soy
Cristina – se presentó- es mi primer año en Pawl Cheestervil. Ese de allá es
Javi, mi hermano gemelo. Somos novatos.
-Yo también
–sonreí tímidamente- Me llamo Julia.
Me observó
de arriba abajo. Y de repente puso una cara un tanto asqueada. Por un momento
me pareció que me estaba olisqueando. Y no me equivoqué.
-Hueles
a pez – dijo una voz tras de mí.
Me giré
en posición defensiva, y me tope con la mirada de un chico de mi edad. Era
hermoso. Por dentro y por fuera; el cuerpo, fuerte, bien trabajado, le hacía
una silueta irresistible. Tenía un algo que le hacía único y especial en muchos
motivos y me atraía como a un imán. Su mirada, limpia, serena, inteligente…
representaba el alma de alguien libre. Como su hermana. E aquí, Javi. El chico
que me hizo sentir mariposas en el estómago por primera vez. El pelo revuelto y
despeinado, la camisa por fuera de los pantalones, y… ¿descalzo? Suprimí una
risita que estuvo a punto de escapar de mi boca. Miré sus labios. Una sonrisa un tanto provocativa y a la vez,
amenazadora. Era algo extraño el chaval.
-¿Perdona,
como has dicho? – le respondí, sintiéndome algo ofendida por el comentario.
-Haces
olor a pez – repitió. Su voz me hizo temblar.
-Será el
mar… - intenté esquivar el comentario, pero Cristina parecía haberse dado
cuenta también.
-No lo
es – dijo- Nuestro olfato no falla.
La miré
molesta, y me eche un paso adelante hacia ellos.
-Pero
bueno, ¿Qué sois? ¿Perros rastreadores? – respondí sarcásticamente.
Juraría
haber leído un ‘sí’ en sus sonrisas, pero fue tan veloz que pareció una ilusión
mía. Javi siguió mirándome a los ojos, sin apartarme la mirada, como si
quisiera averiguar algo. Cristina, se relajó y con una risa amable se disculpó
por su comportamiento.
-Lo
siento Julia, no estamos acostumbrados a hacer amigos – risita tímida – dime ¿te
apetece que hablemos de algo?
Javi
estiró los labios, formando una sonrisa divertida, pero no quitó esa mirada
amenazante de mis ojos. Me intentaba leer, descubrirme, no le gustaban los
secretos y sabía que yo tenía uno y gordo. Sé que en ese momento estuvo planteándose
miles de cuestiones y respondiéndoselas, atando cabos, resolviendo puzles… y yo
quería impedírselo por todas las vías posibles. Él lo sabía. Y finalmente:
-¿Por
qué no hablamos de sirenas? – Preguntó de golpe – dicen que en estos mares hay
muchas.
Su
sonrisa se amplió orgullosa y satisfecha cuando leyó la verdad en mi cara,
horrorizada. Cristina sin embargo no parecía sorprendida, es más, lo sabía
desde hace rato. Que estúpida había sido. Tan ignorante. Dos hermanos,
salvajes, agresivos, sonrisa desgarradora y olfato privilegiado. Y entonces,
leí yo lo que estaba escrito con mayúsculas en el corazón de estos chicos.
-¿Por
qué no hablamos de licántropos? – Contraataqué – Dicen que pasado mañana es
luna llena.
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