EL JUEGO

Bienvenido lector, a El Juego de las Mil Historias:
Siempre me ha encantado escribir pero nunca he podido acabar ningun proyecto, por lo tanto, te propongo que leas algunas de mis redacciones y me ayudes a encontrar un final para ellas.
El juego consiste en enviarme un mensaje hablandome de la historia que más te gusta y diciendome que querrias que pasara acontinuación.
La historia se publicara con su título y el número de la entrada en carácteres romanos.
Ej. Dos de Oros (I)
Ej. Dos de Oros (II)
A la derecha esta el archivo con todos los artículos publicados.
A la izquierda las encuestas sobre las historias.
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Fdo.
MAR CULPEPER

lunes, 17 de septiembre de 2012

LUNA BLANCA (V)

Antes de que pudiera respirar, Carolina, ya había lanzado una flecha al pecho del lobo, que cayó moribundo al suelo. La manada, rodeaba a Adrian, decidida a atacar. Nuestro amigo, no perdió tiempo, y volvió a escalar el árbol, hasta llegar junto a su heroína. Esta, disparo dos veces más hacia las bestias más cercanas. El resto de la manada se retiró hacia las profundidades del bosque, silenciosos, puede que hasta asustados.
El lobo mas grande, se giró en dirección a ella y le gruñó, y para sorpresa de Adrian, ella le devolvió el gruñido.
Se quedaron en silencio encima de la rama. Empezaba a amanecer.
Carolina se bajó del árbol para recuperar las flechas de los cadáveres de tres lobos. Adrian esperó en silenció y de pronto recordó a María. Sin pensarlo saltó del árbol. Fueron aproximadamente seis metros de mala caída y un posible esguince. Adrian apretó los dientes en silencio, sin producir un solo gemido, o una sola lágrima. Tenía miedo de que aquella chica le viera llorar. Era superior a él en todos los sentidos, y eso le mataba de envidia.
Cuando abrió los ojos se la encontró arrodillada, mirándole a los ojos, divertida.
- ¿Sabes? Llorar no es malo. - le dijo con una sonrisa en la cara.
El hizo una mueca y respiró hondo.
- No estoy llorando. Yo nunca lloro- le mintió
Ella se levantó algo más seria.
- Los valientes son los que saben llorar sin tener que esconderse. - respondió.- ¿Por qué has saltado desde tanta altura? ¿Querías hacerte el increíble? Pues la caída te ha valido un esguince.
- No, nada de eso - negó aun mareado, en el suelo - Mi hermana María, está sola en casa, y los lobos van de caza...
- Tranquilo, tranquilo, enseguida vamos para allá - le calmó - levántate y llévame a tu casa, vamos.
Adrian se levanto a duras penas, ante la mirada victoriosa de Carolina. '' ¿No eres tan fuerte? Demuéstralo '' Pensaba mientras le miraba hacer esfuerzos, sin resultados.
- Adrian, no tenemos todo el día, ¿vas a ser capaz de sostenerte en pie?
Como respuesta, Adrian le envió una mirada de odio. Carolina, se colocó el brazo de Adrian al rededor de su nuca, y le ayudó a caminar. El chico, se sonrojaba, y no era capaz de sostener la mirada de ella, pero le hablaba. Carolina, había sido una cazadora muy temida, tanto, que se la consideraba parte de los cuentos de brujas que se le cuentan a los niños pequeños. Un gran respeto, en opinión de Adrian, pero ella era consciente de que se había transformado en el mismo diablo, y que por muy duró que fuera, tenía que aprender a vivir así. Por este motivo, Carolina se asombraba, y agradecía que por fin hubiera alguien que quisiera hablar con ella, como si fuera un ser humano más. Adrian, solo hablaba de Marí; de como la quería y de lo que había vivido con ella.
- Yo también tenía una hermana - le explicó ella - pero se sacrificó por mi.
Adrian, no entendió que quería decir con eso, y cuando fue a preguntarle algo le interrumpió.
Se oyeron voces cercanas. La cazadora, le tapó la boca y le obligó a esconderse entre los matorrales. Mantuvo los ojos abiertos y los oídos bien agudos.
- Ese niño está muerto, créeme. - dijo la primera voz.
- No estoy seguro, Paco - le contradijo el segundo - El lobo ese había sido asesinado con un puñal. Ha sido ese mocoso, y andará vivito y coleando por ahí.
Carolina y Adrian se miraron divertidos. Estaba claro de quien hablaban.
- No sé qué diablos hacía ese muchacho Mateo, pero estará muerto eso seguro. Volvamos al pueblo, aquí no hay nadie -repitió Paco.
- Que desilusión se llevará la niña, enterarse de que su hermano se ha muerto, así de un día para otro... ¿Qué va a ser de ella?
Adrian se alarmó y miró a Carolina sin saber qué hacer, esperando a que ella le diera una orden. Sin embargo esta le dio la mano y susurró:
- Confía en mí.
Carolina, salió de su escondite, llamando la atención de los dos hombres que iban armados con lanzas. Ellos, fuertes y robustos la miraron sorprendidos.
- Señorita, ¿se ha extraviado? - pregunto el que parecía ser Mateo.
- Para nada, caballeros. Estoy donde quería estar - respondió educadamente - no he podido evitar oír que sabéis donde está la pequeña María, ¿es así?
- Niña, ¿a ti tu madre no te ha enseñado a no meterte donde no te llaman? - gruñó Paco.
- Os ruego que me respetéis, por favor. - contestó ella.
- A no ser que sepas donde está el chico, contigo, no tenemos nada que hablar niña.
Rápida, como la luz, Carolina sacó una flecha del carcaj y disparó a la oreja del hombre. No le llegó a tocar pero estuvo a punto. Los hombres enmudecieron, y la miraron con más respeto, tal y como ella esperaba. Paco cogió su lanza.
- Yo que tu no lo haría - dijo Adrian, dejándose descubrir - Si no estás muerto, es porque no te ha querido matar. No hay disparo que falle la Cazadora de Bibnandor.
- Esa mujer no existe. Son solo cuentos de niños - murmuró Mateo.
- Oiga caballero, no tiente a la suerte - respondió Adrian de nuevo.
- ¿Donde está la niña? - preguntó Carolina, apuntando a la cabeza del hombre.
El hombre, sonrió, y miro a Adrian. Sabía quien era, sabia por que buscaban a la niña. Su hermano.
- Esa niña va directa al orfanato. - murmuró.
Carolina sonrió y soltó la flecha, hiriendo al hombre en el hombro, que gritó y se tiró al suelo. Adrian la miró como si se tratara de un monstruo. Estaba claro que no esperaba esa reacción. Se alejó de ella.
-ESTÁS LOCA – le gritó - ¿Por qué lo has hecho?
Carolina dio un paso hacia él, pero Adrian la esquivó.
-No va a morir – dijo, y se giró hacia Mateo – Apretele la hemorragia si no quiere que se desangre.-volvió a mirar a Adrian- ¿Cómo te van a respetar Adrian,  si temes hasta por tus enemigos?
-Te equivocas Carolina, a ti no te respetan. A ti te temen, porque eres el mismo diablo.
Carolina resopló y juntó las cejas, molesta y algo afectada. Enfocó su ojos en los de él.
- Solo soy una chica de dieciseis años- murmuró- El diablo no existe, solo los fuertes y los debiles. Y yo soy Maver, la Cazadora de Bibnandor, la más fuerte de todos. ¿Qué eres tú?
Él negó con la cabeza y hechó a correr hacía el pueblo.

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